El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

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Apoyando desde lejos…

Hoy se cumple una semana del terremoto (magnitud 7.1) que sacudió a mi querido México justo cuando se cumplían 32 años del terrible e inolvidable terremoto del 85. Mismo día: 19 de septiembre. En aquel entonces empezaba el primer año de secundaria y recuerdo las campañas de ayuda, los sobrevivientes que encontraron después de varios días y las cifras que nunca se dijeron de forma “oficial”. Gracias a Dios, este terremoto no fue tan fuerte ni ocasionó los miles de muertos de aquella vez, pero talvez por estar lejos me ha dolido más.

En 15 años que tengo viviendo en Alemania ha habido innumerables huracanes e inundaciones, algunos terremotos, plagas y otras calamidades, pero ninguna me ha llegado tanto como este terremoto. No ha habido una sola persona que no me haya preguntado por mi familia en México y mi perfil de Facebook se ha llenado de noticias, fotos y comentarios sobre el tema, a pesar de que no sigo ningún medio de comunicación mexicano lo que significa que tanto los medios internacionales como mis contactos en Alemania son los que han posteado muchos artículos y sobre todo organizado campañas de ayuda para enviar a los afectados.

Los días siguientes del terremoto no apagaba la televisión y cambiaba de un canal a otro para saber más detalles. Dos días después incluso hubo un programa especial sobre el sismo en uno de los canales alemanes y lo que decían una y otra vez los reporteros alemanes era lo sorprendidos que estaban de ver la solidaridad mexicana. Algunos de ellos cubren este tipo de noticias en todo el mundo, pero ni en Haití ni en Japón (así dijo un reportero) habían visto lo que pasaba en México. Miles de voluntarios se lanzaron a las calles a ayudar a quitar escombros, organizar entrega de ayuda y preparar comida para los rescatistas. El corazón se me hinchó como nunca!

Ya lo he escrito en otras ocasiones, el vivir lejos me ha hecho valorar más mis raíces y muestro con orgullo parte de mi cultura y tradiciones a donde quiera que voy y a cuanto se atraviesa por mi camino, pero hoy más que nunca me enorgullece la solidaridad mexicana que sin duda alguna es la mas grande de todo el mundo.

Y los mexicanos no solo muestran su solidaridad con vecinos y afectados de su ciudad, sino desde lejos los mexicanos no han parado de demostrar su solidaridad sin importar en que rincón del mundo se encuentren. Soy parte de muchos foros y grupos de Facebook: Mexicanos en Hamburgo, en Alemania, en el Extranjero, Exatecs, Hispamamis, por mencionar sólo algunos y en TODOS se han organizado encuentros, conciertos, misas, fiestas, cenas y reuniones para recaudar fondos y enviar a diferentes instituciones para apoyar a los damnificados del sismo.

Una amiga mexicana puso un estand el sábado pasado en el festival de otoño de nuestro barrio y a lo largo del día y en la celebración religiosa se recaudaron cerca de 350€ que serán enviados directamente a México para apoyar las labores de rescate. Al mismo tiempo se entregaron folletos con información sobre los sismos y las páginas de internet para enviar sus donativos. Entre 4 mexicanas se organizó todo en cuestión de horas! E incluso se podría haber ofrecido comida, pero como había otros estands para eso, no fue posible.

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Casualmente hace dos días descubrí el siguiente grupo: Fuerza México desde Alemania cuyo propósito es concentrar todos los proyectos, eventos e ideas de diferentes grupos en Alemania para trabajar de manera más eficiente.  Así que si tienen propuestas o planes, no duden en formar parte de él.

En Hamburgo se pondrá un estand el sábado para informar sobre alternativas para enviar donativos y el domingo se realizará una misa cuya colecta se enviará a México. Desgraciadamente no podré asistir a ninguno de los dos porque nuestro estado tiene vacaciones de otoño y estaremos fuera de Alemania 😦

Y para quienes no pueden asistir a eventos, hay muchísimas formas de depositar efectivo a todo tipo de organizaciones. Aquí les comparto dos que son alemanas y que tienen un rubro específico para el Terremoto de México:

Cantantes como Rolando Villazón o Emilio Ruggerio que viven en Alemania han organizado conciertos a beneficio. La lista es interminable y espero el apoyo llegue a su destino y no se pase de moda el tema como suele suceder. Sigue el trabajo de reconstrucción que seguramente tardará meses 😦

Hace 32 años no había internet ni redes sociales y seguramente los mexicanos que vivían en el extranjero no pudieron enterarse a tanto detalle como lo hago yo ahora. Incluso hoy en día se pueden ver imágenes en vivo, vídeos y fotografías a los pocos minutos y noticias de canales mexicanos. Bendita tecnología! Y es esa misma tecnología la que ahora no permite que los políticos abusen y aprovechen la situación para su beneficio. Porque así como me enorgullezco del pueblo mexicano, me avergüenzo de los políticos que ni estos momentos de zozobra les hace olvidar su avaricia y hambre de poder. Esas mismas redes sociales me han mostrado irregularidades, abusos y desvíos de camiones cargados de víveres. De no creerse!

Y ya que estoy en el tema, les paso esta liga para firmar una petición para que el INE destine presupuesto a víctimas del sismo.Espero sirva de algo y los partidos políticos no despilfarren tanto dinero mientras miles de mexicanos no tienen donde vivir.

A seguir siendo ejemplo para el mundo! La solidaridad, el amor al prójimo y la disposición a ayudar forman parte del corazón mexicano y en situaciones como ésta es cuando debemos demostrar de qué estamos hechos. VIVA MEXICO!!!

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¡Viva México!

Llevo 15 años gritando Viva México el 15 de septiembre, día de la independencia mexicana, fuera de mi patria! Casi todos los años he tenido oportunidad de gritarlo en algún evento organizado por la embajada o por un grupo de mexicanos que no quieren pasar el día desapercibido. Este año no fue la excepción y a falta de fiesta nacional en Hamburgo, me reuní con algunas amigas en un restaurante mexicano a celebrar nuestra identidad mexicana, cantando, comiendo y bailando como buenas embajadoras en este país.

Muchos piensan que con el paso de los años uno se olvida del español, o se “hace más” de la cultura del país donde se vive, pero en mi caso he pasado por diversas fases que me han hecho valorar mucho más mis raíces. Recién llegué quería aprender el idioma, después con el trabajo me preocupé por hacer contacto con colegas, llegaron las niñas y quería conocer a las mamás de las amigas de mis hijas y hace 3 años me concentré en aprender el alemán de una vez por todas.

En todos estos años no me olvidé de mis raíces pero creo que le quise dar más importancia a lo alemán para facilitar mi integración y adaptación a la cultura alemana. Hoy, a 15 años de haber llegado a Alemania, me siento más mexicana que nunca y grito con todas mis fuerzas:

¡Viva México! porque me vio nacer y me dio valores, costumbres y tradiciones que llevo en el corazón y que me identifican como mexicana a donde vaya. Un país maravilloso lleno de naturaleza, paisajes y tesoros que enamoran a quien lo visita. Bien dicen que como México no hay dos, y estoy orgullosa de haber nacido en el país más bello del mundo.

¡Viva su cultura! El día de muertos, las posadas navideñas, las fiestas patrias y el amor a la Guadalupana. Tradiciones que comparto con amigos, vecinos y alumnos. No hay evento internacional en donde no me ponga un traje regional, una pieza de joyería auténtica mexicana o lleve una bolsa bordada por manos indígenas. No tendré la piel morena pero nadie duda que sea mexicana!

¡Vivan sus colores! Sí, esos colores brillantes y llamativos que decoran las artesanías mexicanas, resaltan en su comida típica y forman parte de mi hogar, mi vestimenta y mi vida diaria. Sobretodo en un país donde los días son grises y nublados, los colores iluminan mi día a día aunque no salga de casa.

¡Vivan sus sabores! No hay comida más rica que la mexicana, y además de hacerla en mis cursos de cocina, la preparo para invitados en cuanta oportunidad se presenta. Eso sin contar que en nuestro refrigerador siempre hay frijoles refritos, tortillas de harina y salsas picantes. Pan negro? No, gracias! Mis hijas prefieren (al igual que yo) unas quesadillas o unas tostadas con frijoles y queso.

¡Vivan sus olores! Empezando el año con la rosca de reyes y terminándolo con el pan de muertos en Noviembre, la casa siempre huele a México. Si no es pan, son hojarascas, sopes, frijoles charros o tortillas recién hechas. Es increíble como nuestros recuerdos están ligados al olfato y el olor a México me hace recordar la casa de mis padres, la de mis abuelos e infinidad de eventos felices de mi infancia y juventud.

¡Viva su idioma! Acaso hay un idioma más bello que el español? Mis hijas lo han aprendido sin darse cuenta y yo lo enseño a jóvenes y viejos en este país. Sea por estudios, para vacaciones o por placer, el español se ha convertido en mi fuente de ingresos y soy feliz compartiendo un poquito de mi identidad mexicana en el salón de clases.

¡Viva su gente! Sobretodo aquellas personas que al igual que yo han migrado a este país y se han convertido en mi nueva familia. Mi vida no sería la misma sin el contacto con mujeres mexicanas que comparten los mismos sentimientos y emociones que yo, al estar fuera de nuestra patria querida. Con ellas canto, bailo, río y lloro. Curioso que en estos 15 años mis mejores amigas siempre han sido mexicanas, algunas se han ido y otras han llegado recientemente, pero el amor por México siempre nos une a miles de kilómetros de él.

Sí, soy alemana pero jamás dejaré de ser mexicana. Estoy integrada, hablo alemán y sigo las costumbres de este país. He aprendido a cambiar o adaptar algunas cosas para fines prácticos y facilitar la vida en este país, pero mi esencia mexicana se conserva e incluso se ha fortalecido con el paso de los años. No sé si en México me vestiría de china poblana o haría piñatas, pero aquí he aprendido que mi cultura es valiosísima y la comparto con mucho gusto. Y es que no es difícil convivir con las dos culturas, solo es cuestión de aprender.

Como se lo dije a un par de conocidos en una reunión que me preguntaban al respecto: “es posible integrarse sin dejar de ser “mexicanos, turcos o chinos”, respetando el país donde se vive y transmitiendo nuestros valores a los nuestros podemos ser felices. Pero no hay que confundir y exigir del país donde vivimos que cambien su cultura por la nuestra. Por ejemplo, en los cumpleaños de mis hijas siempre ha habido una piñata y los invitados han aprendido nuestra tradición… pero no puedo exigir ni esperar que en el jardín de niños o en la escuela, implementen esta tradición solo porque tienen un par de alumnas mexicanas. Al jardín de niños llevo el pastel y mis hijas celebran como los alemanes y en casa, celebramos a la mexicana :). Lo mismo sucede con el idioma hablado en casa y fuera, con valores o festividades, etc.

Mi amor por México es infinito y quiero que mis hijas lo amen tanto como yo aunque no hayan nacido ni crecido allá. Eso solo es posible si lo viven en casa a través de tradiciones, sabores y costumbres. Creo que voy por buen camino porque mis hijas nunca se han avergonzado de hablar español ni de vestirse de chinas poblanas, y poco a poco se sienten orgullosas de tener dos patrias 🙂 Así como yo! Orgullosamente alemana y mexicana!

Viva México!!! en Alemania!

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Turisteando por el Mar Báltico

“En el mar, la vida es mas sabrosa…” dice una popular canción y definitivamente le doy la razón! Pero como todo en la vida, hay de mar a mar, y el que cree que todas las playas son cálidas, con olas, palmeras y vendedores de pareos no conoce las playas del norte de Europa!

Lo más curioso, es que para muchos alemanes la frase “en el mar, la vida es más sabrosa” también aplica cuando se pasan unos días soleados en las playas del mar del Norte o Báltico con apenas 20 grados y el agua a 16, sin olas y con vientos de 60-80 km/hr. Por eso repito, hay de mar a mar y en gustos se rompen géneros.

Mi primera vez en una playa alemana fue hace varios años, 10 para ser exactos. Pasamos Pascua con mis suegros en la famosa playa de “Timmendorfer Strand” en el Mar Báltico (Ostsee). No es necesario escribir, con ver la foto a continuación podrán entenderme:

 

Nunca había pensado que se podía ir a la playa vestida como quien va al polo norte! Y mi marido diciendo “oh, que hermoso día, y la brisa, y las gaviotas…” y pusimos a las niñas a jugar en la arena mientras que yo temblaba de frío y no aguantaba el aironazo en los oídos.

Lo siento, pero conociendo las playas mexicanas y todo lo que incluyen, desde los 30 grados, agua templada, hermosas olas, arena suave, y ambiente con bebidas tropicales, cocos y mangos enchilados, no me pueden pedir que me gusten las playas de acá. Pero como les digo, esa primera experiencia fue en Abril y este año quise darle una segunda oportunidad al Mar Báltico, pero en Junio!

Aprovechando un puente y poniendo como excusa nuestro aniversario de bodas #15, dejamos a las niñas con mis suegros y pasamos unos días en Wismar donde no solo conocimos la ciudad, sino algunas playas cercanas.

  • Wismar. Es una ciudad hanseática como Stade (donde vivo) y con una población similar. El centro histórico es patrimonio de la humanidad y conocimos dos de las iglesias importantes de la ciudad. Incluso en la iglesia de Santa María, hicimos un tour que nos llevó por la torre de 82 metros que queda de la construcción, ya que la nave fue demolida en los 60s porque después de la 2da guerra mundial quedó muy destruida y reconstruirla salía muy caro. Muy recomendable!

 

La ciudad es muy bonita y en el puerto comimos los tradicionales “Fischbrötchen” (torta de pescado) que estaban para chuparse los dedos.

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  • Isla Poel. Una pequeña isla de apenas 2500 habitantes donde conocimos la iglesia del pueblo y la playa. A pesar de estar a 17 grados, había gente dentro del agua que también estaba muy fría. Brrrrr!

 

  • Boltenhagen. Al día siguiente conocimos esta popular playa que es muuuuy turística y donde había muchísima gente tomando el sol, bañándose o paseando por la ciudad que está llena de restaurantes y bares. Claro, había un sol brillante y 20 grados!!! No me puedo quejar, pues este día pude caminar por la playa en manga corta 🙂

 

 

Por azares del destino, el siguiente fin de semana volví al mar Báltico, pero esta vez con amigas y del lado del estado Schleswig-Holstein, y no de Mecklenburg-Pommern. La ciudad se llama Grömitz y también es muy turística. Paseamos por el malecón, disfrutamos del sol y el clima (24 grados) y aunque no me metí al mar, pasé un par de horas a la orilla para tomar un poco de sol y vitamina D! El agua estaba a 16 grados pero como pueden ver en las siguientes fotos, eso no les importa a los alemanes ya que se bañaban como si nada.

 

En resumen les cuento que esta vez disfruté mucho más de las playas alemanas que hace 10 años, pero aún así no creo pasar jamás unas vacaciones de una semana o más en el mar del Norte o el Báltico. Prefiero mil veces las playas del sur, sea España, Italia, Grecia o Croacia, que aunque no vendan mangos con chile, ni los niños muevan la panza por 10 pesos, el clima y la temperatura del agua son suficientemente cálidos para mi 🙂 Es mucho pedir? Tal vez, pero ni las playas bajitas ni las canastas típicas de la región me convencen. Un fin de semana con gusto, pero nada más!

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A los alemanes les encanta el agua, y no sólo tienen las costas del norte, sino que apenas saliendo el sol, los lagos, ríos y piscinas públicas en todo Alemania se llenan de gente que disfruta bañarse a partir de los 20 grados. Después de 15 años de vivir en este país sigo sin adaptarme a esta costumbre, pero mis hijas como buenas alemanas disfrutan de la playa del Río Elba o de cualquier lago como si estuvieran en Puerto Vallarta o Cancún. Dichosas! Yo me muero de frío en estas aguas heladas aunque afuera esté el sol a 30 grados 🙂 Por qué será???

Una invitada de honor

Mes de Mayo…. mes de María

Como migrante soy miembro de varios grupos o foros en Facebook. En uno de ellos llamado “Mexicanas en el extranjero “ y que cuenta con mas de 1000 integrantes, soy miembro desde hace 6 o 7 años. No participo mucho porque es imposible leer o seguir los posts de tantas personas y tantos temas a la vez, pero de vez en cuando reviso las novedades y doy un like o escribo un comentario.

Hace poco mas de 4 años, una de las chicas integrantes tuvo la gran idea de crear una dinámica de grupo en la que una imagen de la virgen de Guadalupe visitara por 9 días a las mexicanas que se apuntaran en una lista. No dude en apuntarme y rápidamente la lista creció y creció. El recorrido de la Virgen Peregrina empezó por Estados Unidos y para no andarla enviando de un continente a otro cada semana, se organizó la lista por países y regiones. En Europa ya lleva un buen rato, pero apenas el año pasado llegó a tierras germanas.

Después de tanto esperar  llegó el paquete a finales de marzo (2017) con dos imágenes de la Virgen, una veladora en forma de estrella con 5 velitas, un diario donde cada una que la recibe escribe su experiencia, además de diversos sobres con tarjetas, postales, oraciones y copias de imágenes pequeñas para que se tomen como recuerdo de la visita.

Fue muy emotivo abrir el paquete y encontrar tantos detalles, leer tantas anécdotas, ver fotos y sentir tanto amor a nuestra Virgen de Guadalupe que cuida de cada una de nosotras en cualquier rincón del planeta. Elegí un lugar especial para poner una especie de altar y durante los 9 días nunca le faltaron flores…

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Mi aportación a la cajita fue una copia de la novena, ya que no encontré ninguna en el paquete, enmicada para evitar su maltrato y facilitar su lectura. Todos los días leímos y rezamos la novena en familia para pedir por las necesidades de cada uno más todas aquellas de nuestra familia en México y de las mexicanas que integran el grupo de Facebook.

No fue fácil despedirnos, pero la Virgen tiene todavía mucho camino por recorrer, así que la entregué personalmente a otra mexicana que vive en nuestra ciudad y así cada 9 días cambiará de destino para seguir alegrando los corazones de cientos de mujeres que como yo, viven en el extranjero pero no han dejado de ser guadalupanas 🙂

 

Los abuelos son irreemplazables 

Al cambiar de país de residencia de forma definitiva, como yo lo hice hace ya casi 15 años, se reemplazan muchas cosas en nuestra vida cotidiana. Reemplazamos nuestro hogar por una casa o departamento, buscamos un auto si se necesita o nos acostumbramos a usar el transporte público para movernos por nuestra nueva ciudad o pueblo, poco a poco vamos sustituyendo nuestro guardarropa con ropa adecuada al clima local y aprendemos a cocinar con los ingredientes que se encuentren fácilmente, por lo que cambiaremos a mediano o largo plazo incluso nuestros hábitos alimenticios.

Eso es referente a las cosas materiales, luego vienen los documentos como la licencia de manejo, tarjetas de crédito por aquellas de los bancos locales y si es posible se obtendrá un pasaporte nuevo, que como en mi caso no reemplazó el mexicano pero si la visa americana porque ahora entro a E.E.U.U. como alemana sin necesidad de una tarjeta visa.

Finalmente no podemos olvidar que también reemplazamos a las personas, lo cual llevará mas tiempo pero que tarde o temprano sucederá con seguridad. Vecinos nuevos, colegas en el nuevo trabajo si se tiene, compañeros de clases si se viene a estudiar o se toman cursos del idioma, y poco a poco se harán nuevos amigos con la gente local y los círculos de amistades en nuestro país de origen se irán reduciendo con cada visita y muchos quedarán solo como contactos de Facebook o Whatsapp.

Es la ley de la vida del migrante y no hay nada que se pueda hacer. El tiempo y las necesidades de adaptación implican que reemplacemos casi todo, aunque con seguridad conservaremos nuestras creencias, tradiciones y costumbres. Pero que pasa con la familia?

Después de 15 años de vivir en Alemania puedo decir que he encontrado hermanas y primas en algunas de mis nuevas amigas, y en algunas de más edad he encontrado tías. Pero definitivamente la figura familiar más difícil (por no decir imposible) de reemplazar es la de los abuelos de mis hijas, que al mismo tiempo son mis padres. Tengo a mis suegros, incluso dos pares, pero no puedo decir que han reemplazado a mis padres. Nos apoyan, ven a las niñas regularmente y convivimos con frecuencia, pero de eso a tener la confianza y el cariño que existe con mis padres hay un abismo de por medio.

Los abuelos consienten, enseñan y adoran a sus nietos. Tuve la fortuna de conocer a dos bisabuelas y un bisabuelo, además de dos abuelas y un abuelo. Solo sobreviven los padres de mi madre y aunque nuestro vínculo no fue tan fuerte, sé lo que significa pasar los días festivos como Navidad, dia de las madres, cumpleaños, etc. en casa de los abuelos junto con tooooda la familia. En mis últimos años de soltera, cada lunes había reunión de tías y primas en casa de los abuelos para merendar con ellos. Cada lunes!

Definitivamente la nueva tecnología nos acerca, pero no puedo compararse con el verse en persona. Mis hijas se comunican dos o tres veces por semana con mis padres, y aunque las llamadas son cortas, pueden ir viendo su crecimiento y estar al tanto de las novedades de la escuela o fines de semana. Los viajes a mi México lindo querido no son cada año como al principio y que mas diéramos por tener a los abuelos en casa más a menudo, o nosotros pasar cada temporada de vacaciones en Monterrey, donde no solo visitaríamos a mis padres, sino a mis abuelos, tíos y primos.

Cuando me casé nunca imaginé la falta que harían mis padres en la vida de mis hijas. Obviamente no es una razón suficiente para cambiar de residencia, pues igualmente faltarían los abuelos paternos en su vida, pero sí es algo que pone a cualquier mamá migrante a pensar… y reflexionar… y a buscar soluciones para fomentar el vínculo abuelos-nietos.

No es fácil y es algo con lo que tenemos que aprender a vivir… tanto nosotros como los abuelos. Confío en que mis padres vivan muchos años más y vengan muchas oportunidades para coincidir aquí o allá. Las niñas crecen a pasos agigantados y los abuelos no rejuvenecen 😦 Dios quiera pronto podamos vernos y disfrutarnos mutuamente!

Posada navideña entre amigas

El pasado febrero asistí al primer encuentro de mexicanas que se organizó en Kassel y como se los conté en aquella ocasión, fue una experiencia maravillosa que creó lazos de amistad increíbles que gracias al Whatsapp ha sido posible mantener y fortalecer. No hay día en que no mandemos un chiste, preguntemos alguna duda o confiemos alguna inquietud a las que ya considero como mis primas. Sí, hay una convivencia y una comunicación con confianza, respeto, armonía que va más allá de la amistad y que raya en la empatia familiar. Yo no tengo primas de mi edad, así que no sé si sea así en realidad pero el grupo de chicas que conocí en febrero se ha convertido en mi fuente de energía, alegría e información, mi rincón para desahogar penas o tristezas y mi motor de motivación.

Por esa y muchas razones más empezamos a contemplar la posibilidad de reunirnos otra vez, y como en eso de reuniones, fiestas y posadas no se nos dificulta, rápidamente un pequeño grupo que vive relativamente en el centro de Alemania organizó la primera posada navideña para Noviembre.

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Desde hace dos meses se eligió la fecha en la que la mayoría podía asistir, y de 31 integrantes finalmente asistimos 19. Todo empezó el viernes 18, día en que llegó la mitad: unas por coche, otras por tren e incluso una en avión. Nos fuimos a cenar a un restaurante italiano de la ciudad, donde comimos delicioso y platicamos muchísimo.

Es difícil describir la emoción de encontrarse con amigas con las que solo has coincidido dos días en persona pero que sientes que conoces desde hace años. Es muy curioso pero real! Y aunque era prematuro predecir como sería ese fin de semana, estaba segura de que sería otro momento especial, igual o mejor que nuestro primer encuentro.

Todas las que llegamos el viernes (6) nos quedamos a dormir en casa de una de las organizadoras, mientras que las que llegaron el sábado (9) se quedaron en casa de la otra organizadora. El sábado había programa completo para todo el día:

  • Comenzamos con un almuerzo riquísimo en un restaurante de la ciudad donde a lo largo de la mañana fueron llegando otras de las chicas.
  • Después nos fuimos de tour por la ciudad que curiosamente se parece mucho a Stade, donde yo vivo. Caminamos, compramos, tomamos fotos y café, reímos y pasamos el rato, mientras que llegaba la hora del siguiente punto en el programa.
  • Visita al castillo de Wolfenbüttel donde nos esperaba una sorpresa! La visita guiada al museo del mismo fue hecha ni más ni menos que por un personaje del siglo XV, con peluca de rizos blancos, tacón y medias. Él no solo nos dio un tour por las habitaciones y salas del castillo, sino que también nos enseñó como debíamos hacer reverencias, caminar y saludar como damas de la alta sociedad de aquella época. Fue divertidísimo y creo que el guía tuvo problemas para contener la risa con nuestras ocurrencias.
  • Luego tuvimos dos horas para descansar y ponernos guapas para el evento más esperado del año: la tradicional posada que empezaría a las 7 de la noche.
  • Como toda posada mexicana no pudieron faltar los elementos principales que las hacen únicas, ya que combinan tradición con fiesta, reflexión con diversión y de verdad que fue un momento lleno de todo eso y más!
    • Empezamos con la bendición del sacerdote en una iglesia que estaba al lado del salón que rentamos para el evento. El padre nos sorprendió cantando una pequeña estrofa en español y en un círculo con velas encendidas recibimos la bendición para terminar la pequeña ceremonia con una de las canciones que mas me gustan: El pescador de hombres. Ufff! Las lágrimas no tardaron en rodar por mis mejillas al sentirme como en México y escuchar esa estrofa: he dejado mi barca… junto a ti, buscaré otro mar.
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    • Con las velas prendidas caminamos al salón donde nos dividimos en dos grupos para cantar la tradicional canción En nombre del cielo con los de adentro y los de afuera. Y adelante peregrinos para seguir la fiesta!
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    • Rápidamente entre todas organizamos mesas, pusimos música navideña, preparamos el buffet, hicieron guacamole, calentaron tortillas y quedó todo listo para cenar la rica barbacoa que nos habíamos saboreado desde hace meses.
    • Cenamos, brindamos y bailamos…
    • Luego rompimos dos piñatas con ojos vendados y como niñas chiquitas nos tirábamos al piso por las golosinas mexicanas 🙂
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    • Y como se acerca la navidad, no podían faltar los regalos que intercambiamos entre juegos y risas.
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    • Finalmente, dejamos el programa de lado y nos dedicamos a bailar, cantar, charlar y divertirnos al máximo!
    • Hasta las dos de la mañana, hora en que dejamos el salón ya limpio y recogido.
  • Al día siguiente nos reunimos a almorzar barbacoa en casa de una de las organizadoras, donde con el dolor de nuestros corazones tuvimos que despedirnos. Pero no sin antes decidir el próximo punto de encuentro: Hamburgo!!!

Y tal como lo había presentido, el fin de semana fue único! Lleno de sorpresas, risas, abrazos, alegría, calor fraternal y mucho sabor mexicano! Acaso se puede pedir más? Todas nos despedimos con el corazón lleno de energía para sobrevivir el invierno que nos espera y para las que nos quedamos aquí a celebrar Navidad, nos llenamos de nuestro México para no extrañar tanto nuestras tradiciones y posadas.

Mil gracias a las chicas que hicieron de este evento algo inolvidable y maravilloso! Y gracias a Dios por haberlas puesto en mi camino! Estoy segura que el próximo año volveremos a coincidir aquí o allá para seguir fortaleciendo nuestra amistad 🙂

 P.D. Lo que pasó en Wolfenbüttel se queda en Wolfenbüttel 😎

De esas casualidades…

del destino que son difíciles de creer, voy a escribir el día de hoy.

Hace 2 años, el periódico local me hizo una entrevista sobre el día de muertos, su significado y la forma como se celebra en México. Me disfracé de catrina, me tomaron fotos en un panteón abandonado y el artículo ocupó la primera plana el día de Halloween (31-octubre) de ese año.  Y como no todos los días salgo en el periódico guardé el artículo entre mis documentos importantes junto a este blog impreso, cosa que hizo también una profesora de alemán porque el artículo le pareció adecuado para el tema de “historias de miedo” que cada año imparte a sus alumnos de 5to año.

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El mes pasado mi hija Catalina me comentó casualmente un día por la noche “oye, mamá… mi maestra de alemán quiere que vayas a contarnos sobre el día de muertos”. Se me hizo raro y le pregunté a qué venía eso y me dijo que la maestra había encontrado el artículo de la catrina (mí artículo!) entre sus cosas y al leerlo de nuevo, no tuvo problemas en ver la relación de mi apellido con el de Catalina.

Qué casualidad!!! Y dos años después por azares del destino visité el grupo de 5to año justo en el día 2 de noviembre, y no porque así lo eligiéramos sino porque justo los miércoles tienen la clase de “Verfügung” (hora semanal para tratar temas varios) y la semana pasada estaban de excursión, no quedaba más que este día que cayó justamente en el día festivo mexicano. Otra casualidad!

Solo tendría 45 minutos, así que para entrar en materia les presenté el vídeo de Plaza Sesamo que grabamos hace 3 años y que explica de manera sencilla esta festividad mexicana. Después hice una pequeña presentación de 10 minutos con muchas fotos para explicarles los altares, sus elementos, las calaveritas de azúcar, el pan de muerto, las catrinas y cómo lucen los panteones en estos días.

Les llevé pan de muerto para que lo vieran, el cual le dí a la profesora para que lo compartiera con sus colegas y a los niños les llevé galletitas de calaveras hechas con mucho amor:

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Les encantaron! Y mientras que se las comían les pasé un corto animado que me encanta y que para mi gusto explica de una forma gráfica y simple cómo celebramos este día y qué significa.

Al final hubo una sesión de preguntas y conversamos sobre las diferencias culturales, ya que aquí la muerte es un tema tabú y sería imposible imaginarse un poco de música, color o ambiente festivo en el domingo de muertos que se celebra el segundo domingo de noviembre en Alemania. Fue una experiencia muy linda y enriquecedora! Me encanta compartir mis tradiciones y si se trata de niños, lo disfrutó al doble.

Y para concluir esta entrada me quedo con la frase de la maestra que dijo al final de la presentación: “Entonces el día de muertos festejan la vida de los que ya partieron?” Sí, así es! El 2 de noviembre celebramos juntos vivos y muertos los momentos compartidos 🙂

 

A bordo de México!

Desde junio que quiero escribir esta entrada pero se me pasa el tiempo tan rápido que no había tenido oportunidad de hacerlo. Pero con motivo del aniversario de la independencia mexicana esta semana, queda perfecto contarles sobre esta experiencia única e inolvidable.

En un evento del Círculo Mexicano Alemán en marzo, el cónsul mexicano en Hamburgo nos dio a conocer que el Barco Escuela Cuauhtémoc visitaría nuestra ciudad hanseática a mediados de junio. Como socios del CIMA recibimos la invitación al cocktail de bienvenida en mayo y el día 17 de junio asistimos mi marido y yo a una velada muy mexicana!

Viajamos en metro para no tener problemas con el estacionamiento y no les puedo explicar lo emocionante que fue ver nuestra enorme bandera mexicana ondeando en el río Elba desde que íbamos caminando por la orilla del puerto. Estaba pronosticada lluvia e incluso chubascos aislados, pero las nubes fueron desapareciendo poco a poco a lo largo de la noche y disfrutamos de un clima delicioso en cubierta.

Después de saludar a muchas amigas y conocidos mexicanos que también fueron invitados, nos sirvieron nuestras primeras margaritas y piñas coladas. La embajadora mexicana Patricia Espinosa dio un mensaje de bienvenida a los asistentes y a los tripulantes del Barco Escuela, además de despedirse de su puesto porque pronto empezaría su nuevo cargo en las Naciones Unidas.

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A lo largo de la noche tuvimos la oportunidad de charlar con los aspirantes a cadetes, oficiales y demás tripulantes del barco escuela, que viajaban desde marzo en un recorrido por Europa y América, y que terminará en dos semanas en el mismo puerto de partida: Acapulco!

Nos dieron un tour por el interior del barco donde pudimos ver algunas salas de reuniones, camarotes, la cocina y otras habitaciones. El buffet en cubierta incluyó todos los platillos mexicanos que cualquier migrante extraña como mole, cochinita, quesadillas, chiles jalapeños rellenos, frijolitos refritos y mil cosas más. Y por supuesto en la barra de bebidas no podían faltar todas las cervezas mexicanas, tequilas y mezcal.

En una de las tantas veces que me serví los antojitos mexicanos, le dije a una de las chicas que estaba sirviendo que me sentía como en México al comer tanta delicia, tomar tequila, escuchar música mexicana y convivir con tantos compatriotas, y ella sin ninguna duda me contestó: “Usted está en México!“. Se me pone todavía la piel chinita al acordarme de su respuesta y realmente esa noche estuve a bordo de MI México, con todo su sabor, folclore, ambiente y calor!

Nunca olvidaré esa noche templada donde comí, bebí, conviví y disfruté de un ambiente 100% mexicano como en pocas ocasiones he disfrutado en tierras alemanas. Agradezco al destino y a Dios por haberme dado esta oportunidad y espero que en el marco del Año Dual México-Alemania vengan mas experiencias como ésta.

Antes de la medianoche se terminó el evento y con el dolor de nuestro corazón tuvimos que bajarnos, porque si por nosotros hubiera sido, hubiéramos seguido la fiesta hasta el amanecer. Y como en esas fechas anochece muy tarde, aún a medianoche pudimos despedirnos del Barco Escuela Cuauhtémoc con la luz de la luna y cielo claro:

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VIVA MEXICO!!!

Una colección que atesoro

Desde pequeña me ha gustado coleccionar cosas y una de mis primeras colecciones fue la de calcomanías. Tenía un álbum lleno de ellas, las que olían al rascarse, con brillitos, en tercera dimensión, de mis personajes favoritos como Hello Kitty y Melody o de corazones, flores y notas musicales. También coleccionaba borradores de todos tamaños, olores y formas.

De joven empecé a coleccionar cositas que compraba cuando salía de viaje de trabajo o vacaciones. Empecé con imanes para el refrigerador, después continué con tazas, postales y “miniaturas” de los lugares que visitaba como la Torre Eiffel, Coliseo Romano o Chichen Itzá. En los últimos años he seguido con la de vasitos tequileros, especialmente del Hard Rock, sin dejar de comprar de vez en cuando una taza o “miniatura” para las vitrinas que poco a poco empiezan a quedar pequeñas con tantos “recuerditos”.

Pero de la colección que les quiero contar hoy es una muy especial: la de vestidos típicos mexicanos. Cuando vivía en México jamás hubiera pensado en comprar un vestido típico, y creo que nunca me puse uno a excepción de los bailables del 16 de septiembre o festivales de la escuela primaria. Y de eso hace muuuuuchos años. En los últimos años que viví en Monterrey recuerdo haber asistido a diferentes fiestas de la independencia donde nos vestíamos de acuerdo a la ocasión, que significaba vestirse de verde, blanco y rojo o llevar un rebozo con la ropa normal.

Tenía que vivir en otro país para aprender a apreciar nuestros bellos trajes típicos, y mejor aún a llevarlos con orgullo en fiestas internacionales, desfiles o eventos culturales. No tengo tantos como quisiera, y si no fuera por mi mamá sólo tendría uno, pero está colección apenas esta empezando y confío en poco a poco tener muchos más.

El primero fue un “huipil yucateco”, uno de los trajes que había visto más a menudo porque tengo familia en Mérida. Es un vestido blanco con bordados en azul, mi color favorito y lo vestí en el Festival Internacional de las culturas en Hamburgo por primera vez. Las niñas tenían blusas con bordados similares desde que eran bebés y así las vestía cuando íbamos a las fiestas mexicanas en Hamburgo.

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Poco después, una buena amiga se mudó a México y me vendió el vestido de Jalisco que tenía para bailar en un grupo folclórico. Es uno de mis favoritos porque es el más llamativo: anaranjado y con una falda muy amplia que pesa media tonelada. Con este vestido he bailado “el son de la Negra” en diversos festivales y eso que no soy bailarina, pero el amor a México es más grande y ahí me tienen zapateando con un vestido que es difícil de manejar por la cantidad de tela y su peso.

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Y porqué eso de bailar no es cosa sencilla, necesitaba los zapatos adecuados que mi mamá me buscó en Monterrey y que ahora complementan no solo el “ajuar” tapatío, sino el nuevoleonés y poblano (porque no tengo otros :). Son botines blancos de tacón medio. Y además, tengo la calzonera para cuando bailo 🙂

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Como saben, soy de Nuevo León y no podía faltar el vestido correspondiente en mi colección. Se oye fácil pero obtener un vestido tradicional no es cosa sencilla y lo tengo gracias a una amiga de mi mamá, cuya hija lo tenía de un bailable de la secundaria. No es tan llamativo como el de Jalisco, pero es muy elegante y “europeo”. Con este bailé una polca en la escuela de mis hijas para un festival sobre México, y ambas me acompañaron con sus respectivas faldas de grecas 🙂

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Y por último, está el vestido de “china poblana” que mi mamá me consiguió en un viaje a Puebla. Este año llegaron las faldas de las niñas que no han tenido oportunidad de estrenar, pero que seguramente harán en la próxima misa con mariachi en verano. Como saben estos vestidos tienen una falda con un águila bordada en lentejuelas y una blusa blanca también con lentejuelas en el cuello.

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Además de estos trajes típicos tengo blusas, rebozos, faldas y mil accesorios que me pongo en ocasiones menos especiales pero que me identifican como mexicana: ya sea en un desayuno, una clase o una plática sobre un tema cultural.

Qué cuál traje sigue? Pues el de Chiapas, uno de mis favoritos y que espero mi mamá me pueda conseguir pronto 🙂 Es colorido, elegante y hermoso y me haría muy feliz tenerlo en esta colección que atesoro. Quién lo diría? Que coleccionaría trajes típicos para ocasiones especiales donde con orgullo muestro lo hermoso de nuestro país.

También me gustaría tener el de Veracruz, Tamaulipas o Oaxaca 🙂

Y claro, mis hijas han aprendido a vestirse de “mexicanas” desde pequeñas y nunca les ha dado pena vestirse como yo. Me encanta cuando hacemos un trío de modelos y espero mi mamá siga consiguiendo vestidos para ellas, pues no pueden coleccionarlos porque siguen creciendo y siempre necesitan nuevos atuendos. Y a veces incluso formamos un cuarteto con mi mamá que tiene la bendita suerte de venir cuando es la misa con mariachi en Hamburgo. Este año también le tocará y seguro nos vestiremos muy guapas para la ocasión!

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Este año, si Dios quiere, también participaré como Catrina nuevoleonesa en el festival del día de muertos en Hamburgo. Y veremos si por aquí o por allá se dan otras oportunidades de ponerme estas “joyas” que forman parte de mi colección favorita.

Y para que no crean que sólo me visto de mexicana, tanto mis hijas como yo de vez en cuando nos disfrazamos de alemanas 🙂 con el tradicional “Dirndl”. A qué también nos vemos guapas, no?

Un encuentro muy especial

Desde hace varios años participo activamente en un grupo/foro de Facebook de mujeres casadas con alemanes donde compartimos experiencias, tips y resolvemos dudas comunes. Hay mujeres originarias de todo México que viven a lo largo y ancho de Alemania y personalmente conozco a menos del 20% de sus integrantes. En más de una ocasión se había planeado hacer un encuentro para conocernos, aunque fuera sólo una parte del grupo y tras 2 o 3 intentos fallidos, el fin de semana pasado este plan se hizo realidad.

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Elegimos Kassel por estar prácticamente en el centro del país y que no fuera demasiado lejos para nadie. La chica de la idea se encargó de averiguar lugares para el evento, y después de consejos de algunas, apoyo de otras y votaciones varias se eligió un hotel céntrico que nos rentó un salón para el sábado de 9 a 6 de la tarde que incluía buffet para la comida y bebidas durante el evento.

De todas las interesadas finalmente quedó una lista de 33 participantes y por un contratiempo de última hora estuvimos 31 mexicanas casadas con alemanes conviviendo en un fin de semana que quedará grabado en nuestras memorias para siempre.

Todo empezó el viernes cuando la mitad de las chicas empezó a llegar a Kassel y coincidimos para cenar en un restaurante hindú. Algunas viajaron en tren, otras en coche… algunas solitas, otras en grupo. Pero como bien pueden imaginarse, coincidir entre mexicanas desconocidas que comparten un mismo destino no fue nada difícil. Por el contrario parecía que nos conocíamos de mucho tiempo, y rápidamente entramos en confianza para pasar una velada muy agradable.

Yo viajé con 3 amigas y pernoctamos en la casa de los suegros de una de ellas, así que no puedo contar mucho de la sobremesa que continuó en las habitaciones del hotel. Nosotras llegamos a descansar porque el sábado sería un día muuuuy largo.

El sábado empezó con un mensaje de bienvenida de la precursora del evento y un momento de reflexión donde nos tomamos de las manos en un círculo lleno de energía positiva. Estaba segura que pasaría un día muy especial pero nunca imaginé que llegara a superar mis expectativas y fuera MAS que especial.

Durante el transcurso de la mañana del sábado llegó el resto del grupo, y mientras llegaban todas hicimos un par de dinámicas para conocernos a grandes rasgos. El ambiente era alegre, abierto, interesante y muy divertido! Después de preguntar cosas tan simples como si tienes hijos, vives al norte de Kassel, tienes nacionalidad alemana, etc. que podían responderse con SI o NO, invité a las participantes a hacer más preguntas. Todas muy interesantes y la mejor fue con la que cerramos la dinámica: Eres feliz en Alemania? Para mi sorpresa y gran alegría, todas se pasaron al lado del SI. Y ya con eso el éxito estaba garantizado! Mujeres valientes, luchonas, y OPTIMISTAS! Sí señor! Qué mejor momento para empezar el momento de las presentaciones personales.

Todas recibieron una hojita donde podían pegar una foto personal (o dibujarse) y escribir algunos datos interesantes sobre ellas. Después cada una tendría 3 minutos para presentarse al frente. La actividad que planeamos para dos horas se alargó a pesar de que todas se ajustaron al tiempo, pero no había problema. Siendo flexibles, terminamos las presentaciones después de comer.

Las presentaciones estuvieron llenas de momentos chuscos, historias de amor, experiencias difíciles, pruebas de superación, mensajes de apoyo, anécdotas divertidas y palabras sinceras. Una mezcla de todos los sentimientos que existen y que nos unen aún sin conocernos. Con todas las hojitas hicimos un gran collage en la pared que nos acompañó el resto del día.

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Collage

La tarde continuó con lo que llamamos “Charlas de café” que consistió en participar en mesas redondas con temas definidos:

  • Trabajar en Alemania
  • Niños bilingües
  • Trámites típicos
  • Anécdotas de parejas biculturales

Cada 15 minutos cambiamos de mesa y de acompañantes (obviamente a veces coincidíamos con las mismas). Se compartieron tips, risas, consejos, experiencias, anécdotas en temas complicados que conocemos pero que al compartirlos se hacen mas ligeros porque sabemos que no somos las únicas que los vivimos.

Después pasamos a la fase de RELAJO! La idea original era hacer un paseo “turístico”, pero había tanto que compartir que todas preferimos quedarnos y qué bueno que lo hicimos porque esa tarde fue maravillosa entre:

  • tómbola de productos mexicanos (cada una llevó un regalito y se ganó otro)
  • clase de zumba!
  • baile de canciones de nuestra juventud y que siempre extrañamos
  • bailable del “Far West” con coreografía integrada
  • sesión de fotos de grupo

Hacía mucho que no bailaba, reía y me divertía TANTO! Como le digo a mi marido, me sentí en México por un par de horas y fui muuuuuy feliz de coincidir y conocer chicas tan alegres. Con ninguna otra nacionalidad se puede hacer ese CLICK! Sólo con paisanas que escucharon a “Menudo” y “Timbiriche”, música de banda, cumbia, salsa, corridos, etc. durante su infancia y adolescencia.

Pero lo mejor estaba por llegar. Se había hecho una reservación en una cervecería local y para nuestra buena suerte nos asignaron un “saloncito” privado. Y como si eso no hubiera sido suficiente para hablar y reír a nuestras anchas, el mesero que nos atendió era italiano y nos hizo el favor de darnos acceso al sistema de música para poner las canciones que quisieramos! Ufff! Después de cenar, se armó el guateque! y bailamos y bailamos, y bailamos hasta la media noche. Los comensales alemanes pasaban y seguro pensaban que se habían escapado 30 locas del manicomio. La pasamos de maravilla!!!

El domingo fue un día más tranquilo y en el transcurso de la mañana algunas tuvieron que partir, así que las que nos quedamos dimos un pequeño recorrido por el centro de la ciudad y comimos juntas en un restaurante.

Nos despedimos con un “Hasta luego” porque sabemos que este será el primero de muchos encuentros y después de haberla pasado tan bien seguro más de una se animará para no perderse una oportunidad como ésta: única e irrepetible.

Y cierro este post con un agradecimiento especial para las que organizaron el evento, para las que se animaron a asistir y para las que hicieron que este encuentro me llenara de energía, optimismo, buena vibra y alegría. GRACIAS!

Un fin de semana lleno de energía, buen humor y momentos inolvidables que confirman una vez más lo que siempre he dicho: el contacto con nuestro MEXICO es primordial para ser felices y este tipo de encuentros es la mejor forma de llenar nuestro corazón de positivismo para seguir sobreviviendo en un país tan distinto al nuestro. Lo mejor para mí de este fin de semana fue descubrir que NECESITO este contacto y que he encontrado una fuente más para energizarme, porque estoy segura que este encuentro anual será una tradición y una fecha reservada para el bienestar de mi corazón y salud mental 🙂

VIVA MEXICO!

Y lo que pasó en Kassel…. se queda en Kassel 😉

 

 

Productos “mexicanos” en Alemania

Muchas veces me han preguntado si encuentro tal o cual producto mexicano en Alemania, y la verdad es que hoy en día se encuentra prácticamente de todo y son muy pocas cosas las que todavía tengo que traer de mi querido Monterrey cada vez que voy de vacaciones.

Aquí una lista de algunos productos que encuentro en la tienda asiática de Stade:

En la tienda turca de Stade, encuentro lo siguiente:

No sabía que en Turquía tenían tantas variedades de frijoles! Y tengo que admitir que son muy buenos! También he encontrado frijoles italianos en el supermercado local 🙂 Muy ricos!

Este queso lo venden también en el supermercado local y no tengo idea de como lo consuma el alemán, pero yo lo compro para preparar queso en salsa o para usarlo en enchiladas, tostadas o ensaladas. Es un poco salado, pero es lo más parecido al queso panela mexicano. A que se les antojó!

Y con suerte en algunos supermercados locales podemos encontrar algunos productos de la marca “La costeña”:

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o en su defecto de alguna marca “Tex-Mex” como Old El Paso, Fuego, Poco Loco, etc.

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Adicionalmente ya encuentro aguacates prácticamente todo el año, cilantro en macetita, papayas, tunas, mangos, frijoles, etc. en los supermercados cerca de casa. Los precios todavía no pueden compararse a los de México, pero hace 14 años ni caros se encontraban por estos lugares.

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Aguacate Hass

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Frijol pinto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y lo que no encuentro en el supermercado lo pido por internet en alguna de las tiendas que están en la lista a la derecha de este blog. Pido nopales en escabeche, tortillas de maíz, chiles secos, piloncillo, salsa verde, etc.

Piloncillo

Piloncillo

Hace unas semanas encontré “Dulce de leche” en un supermercado local de marca genérica (REWE), con el cual hice unas deliciosas empanadas. Así que no cabe duda que poco a poco la globalización nos esta acercando a los productos que extrañamos y ya no es tan difícil sobrevivir en el extranjero sin nuestra comida mexicana, verdad?

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Dulce de leche

 

Esos primeros años

Esta vez escribiré sobre esos primeros meses o años que un migrante vive en su nuevo país. Dos situaciones diferentes me inspiraron sobre este tema. Por un lado, el comentario de una amiga alemana en relación a la integración de migrantes o refugiados en Alemania y por otro lado, el hecho de que mi mejor amiga de Monterrey empieza en estos días una nueva vida en Nueva York.

Las personas que me conocen en Alemania hoy en día no pueden imaginar mis primeros años en este país y por el comentario que menciono (für Dich hat man sich doch auch interessiert als Du kamst? Warum nur nicht für diese neuen Menschen bei uns? ), pareciera que creen que fueron sencillos y muy diferentes a lo que experimentan los refugiados que están llegando actualmente a mi nueva patria. No, no puedo comparar mi situación con la de nadie más, primero que nada porque yo me vine por amor y con el gran apoyo de mi marido que es alemán. Pero ni el hecho de ser una persona sociable, con maestría, inglés casi perfecto y mucho entusiasmo hicieron mis primeros meses fáciles o gratos.

Recuerdo perfectamente mis primeros tres meses en un pequeño departamento en un pueblo, aunque los alemanes insistan en llamar “ciudad” en donde casi nadie hablaba inglés y donde no pude tomar ningún curso de alemán porque era periodo de vacaciones de verano. De no ser por mi marido, no hubiera salido ni a la esquina. Nadie más que él me acompaño al ginecólogo, al dentista, al supermercado y a todos los trámites burocráticos para mi registro, mi visa, mi cuenta bancaria y mi licencia de manejo. Nadie me invitó a un café ni a desayunar. Nadie me visitó en el hospital cuando me quitaron una piedra del riñón y tuve que quedarme una semana sola porque aquí nadie se queda a dormir con el paciente.

En mi primer curso de alemán hice amistad con dos rumanas, con quien de vez en cuando salía pero ellas ya eran mamás y nuestros horarios no coincidían. Me inscribí a un gimnasio, a clases de pintura y de fotografía con la esperanza de conocer gente y crear círculos de amistades. Todo sin éxito! Ni un café, ni una salida al cine, nada!

Justo un año después encontré trabajo en una empresa internacional y me dediqué a viajar por Europa. Amistad con colegas? No es lo usual, así que a excepción de un par de veces que fuimos a cenar, nunca conocí nada de su vida privada ni ellos se interesaron por la mía.

Al año y medio de haber llegado a Alemania, compramos nuestra actual casa en Stade, un pueblo (siiiii, ciudad) un poco mas civilizado que Vlotho. Ni despedida, ni cartas o correos con ex-vecinos, amigos o compañeros de curso. Ahora que lo pienso, pareciera que ese tiempo pasé desapercibida, como una persona que estaba ahí pero que no dejó huella.

Seguí viajando un año más lo que dificultó el contacto con los nuevos vecinos y cuando dejé de trabajar por el nacimiento de nuestra primogénita empezó otra etapa difícil parecida a la que viví al recién llegar. Aunque ya sabía un poco más de alemán, a nadie parecía importarle mi vida. Iba y venía sola con mi pequeña, me inscribí a un curso de mamás con recién nacidos y a un curso de natación para Victoria con el mismo resultado que el gimnasio y el curso de pintura. Saludos amables pero jamás una invitación a desayunar o merendar. Hasta dos años después, ya con la segunda niña y gracias a un “Krabbelgruppe” al que asistíamos una vez por semana, fue que empezaron a surgir los primeros contactos. Y todo porque yo organizaba regularmente reuniones en mi casa (cocktail´s partys).

Y no se trata de decir que los alemanes son cerrados o fríos. En lo personal no lo creo, sino más bien que como adulto es difícil entrar a círculos de amistad o amigos ya existentes y se requiere más tiempo para entrar en confianza. Aún en mi propio país, tardaría un tiempo en conocer gente si me mudara de ciudad. Y en mi caso particular en el que Thomas tampoco era originario de las ciudades donde vivimos, tampoco tuve oportunidad de integrarme a sus grupos de amigos porque no tenía 😦 Ni su familia vivía cerca, aunque algunos dicen que eso es más ventaja que desventaja 🙂

Al entrar la mayor al jardín de niños mi vida empezó a ser lo que ahora es, comencé a echar raíces y finalmente me convertí en parte de la sociedad local. Fue gracias a los contactos con otros padres de familia y a mi búsqueda de trabajo ya que poco a poco tenía tiempo libre para mí. Clases de español, reuniones en diferentes círculos y actividades familiares llenaron poco a poco mi agenda. Corría el año 2007, cinco años después de haber empezado mi vida de migrante.

Cada persona es diferente y se integra más o menos rápido que otras, la mía es solo una historia de millones que hay en este mundo y no hay dos historias iguales. Para mí, hay tres cosas que hicieron esos primeros años más llevaderos y que evitaron que “tirara la toalla” o me quisiera regresar a mi México lindo y querido:

– el amor y el apoyo incondicional de mi marido

– los viajes anuales a México de hasta 3 meses, casi siempre en invierno de los cuales volvía llena de energía

– las visitas de mis padres y algunas amigas

En dos palabras: amor y familia. Y el amor de pareja puede reemplazarse por amor al trabajo, a la aventura, al estudio, etc. dependiendo de las razones por las que uno emigre. Por ahí leí que “Emigrar es de valientes” y es cierto, no tanto por todo lo que se deja sino por esos primeros años que nos hacen dudar y preguntarnos si realmente fue una buena decisión.
Y por último, estas líneas se las dedico a mi amiga S. para su nueva etapa y que seguro le podrían servir a otros que recién empiezan su vida como mariposas migrantes:

– mantén tu buen humor, aún en días nublados, fríos o grises

– inscríbete al gimnasio local, a cursos de cosas que te gusten o incluso que no te gusten, pero donde puedas encontrar gente de tu edad y donde puedas distraerte

– sonríe a todos aunque no te devuelvan la sonrisa

-toca puertas una y otra vez. Si nadie te invita a su casa, invítalos tú… con suerte, después de un tiempo te invitaran a ti.

– siente siempre orgullo por tus raíces y nunca olvides a los tuyos. Ni el tiempo ni la distancia son excusas aceptables para perder contacto con los que te quieren.

– se vale llorar pero nada de depresión. Llora cuando extrañes a tu familia, tu comida, tu música pero no dejes que tu estado de ánimo se deprima.

– acostúmbrate al hecho de que te perderás bautizos, bodas y cientos de eventos importantes en tu país

– algunas veces te preguntarás “qué hago aquí?”, pero no pierdas el tiempo buscando respuestas. Anímate y llena tu cabeza de pensamientos positivos.

– no hay dos países iguales en este planeta, así que hay que aceptar que las cosas son diferentes en tu nuevo hogar, ni mejores ni peores simplemente diferentes. Comparar, convertir a otra moneda o buscar productos que usabas antes no sirve de mucho y puede cansarte. Disfruta, experimenta y prueba las cosas como son ahora.

– adáptate a la vida local, cambia tus hábitos y aprende cómo hacen las cosas los locales. Si hay que separar la basura, respetar distintas leyes o seguir otras reglas, ni hablar!

– busca grupos de migrantes como tú, no importa si son chinos o australianos, están pasando por lo mismo y podrán comprenderte mejor

– si no hablas el idioma o dialecto local, apréndelo lo antes posible y bien, ahí está la llave de la integración

-cada mañana toma una cucharada de tolerancia, otra buena dosis de paciencia y un litro de actitud optimista.

-ama tu nuevo país sin dejar de amar el que te vio nacer. Renegar, comparar y quejarse es lo peor que puedes hacer y sólo amargará tu corazón.

Y finalmente termino con una frase inventada por mí: “Integrate que Dios te ayudará”. Uno mismo tiene que buscar formas de integrarse en el nuevo país, y lo demás se irá dando solito. Hoy en día el mundo es mas tolerante y abierto, pero no puede integrarnos si nosotros no ponemos de nuestra parte.

Ánimo! Sí se puede!

P.D. Y aprovecho para mostrar mi respeto a aquellos que sobreviven en un nuevo país sin una “media naranja”, eso para mí es todavía más difícil y admiro a los que logran sobrevivir solitos! 🙂

 

Nostalgia con los 5 sentidos

La primera unidad de mi libro de alemán (en el curso B2 que estoy tomando) se llama “Heimat”, que es nada más y nada menos que “Patria” y supone (correctamente) que todos los alumnos son inmigrantes. En el curso hay 3 polacas, 1 italiana, 1 egipcia, 1 ucraniana, 1 de Mongolia, 1 holandesa y un “Au-pair” de la Suiza franco parlante.

El tema incluye textos de gente alemana que ha emigrado al extranjero o que después de un tiempo fuera decide volver a su ciudad de origen. Obviamente se ve vocabulario relacionado al tema, y la gramática para escribir textos y defender puntos de vista. Un tema por demás interesante!

En uno de los ejercicios de la lección teníamos que relacionar palabras con los 5 sentidos. Y eso me inspiró a escribir esta entrada. Qué extraño de mi México? Qué olores, qué sabores y qué paisajes?  Y qué extraño de Alemania cuando estoy mucho tiempo fuera de casa? Aquí les comparto una pequeña lista de lo que extraño de mis dos patrias.

– Vista. 

De México. Extraño las montañas de Monterrey y el cielo azul. El colorido en los mercados y la variedad de frutas en el supermercado. Los vestidos folclóricos y la joyería en colores vivos. La decoración en todo tipo de fiestas, ya sea cumpleaños, boda, bautizo o XV años. Y las piñatas de todas formas y colores.

De Alemania. Extraño las estaciones tan marcadas que hacer ver a un mismo árbol como si fueran cuatro distintos dependiendo de la fecha. Los venados en la pradera y las aves como cisnes, cigüeñas y gorriones. Los adornos en las puertas y ventanas y en los jardines dependiendo de la temporada. Extraño poder ver los jardines de los vecinos y la gente en bicicleta. El verde “nuevo” al empezar la primavera, el amarillo de los sembradíos de canola (colza), el blanco brillante de la nieve y el arcoiris después de un chubasco repentino. Extraño los molinos de viento que se observan desde la carretera y los fuegos artificiales en Año Nuevo.

Monterrey, MX
Stade, DE

 

– Gusto. 

De México. Extraño el cabrito, los tamales y las fritangas. Los raspados, elote desgranado o asado y las gorditas. En general todos los mariscos, incluyendo los tacos de camarón o marlin. El pan de dulce, sobretodo las donas. Los dulces regionales y las botanas, además de la inmensa variedad de salsas en cualquier restaurante o casa.

De Alemania. Extraño las mermeladas, el vino caliente en invierno y la cerveza de barril en los festivales del pueblo. Los helados italianos y el pastel de ciruelo. 

Comida mexicana
Vino caliente

 

– Tacto.

De México. Extraño los apretones de mano al saludar, los besos acompañados de abrazos o palmadas en la espalda, y los abrazos bien apretados. Y extraño muchísimo el calor, tanto el humano como el del sol.

De Alemania. Extraño la calefacción en la casa y sobretodo en el baño, que aunque afuera esté nevando siempre esta calientito.

– Oído. 

De México. Extraño el bullicio en lugares públicos, el ruido de niños riendo en restaurantes, la música mexicana en eventos o restaurantes.

De Alemania. Extraño el silencio en la noche.

– Olfato. 

De México. Con este sentido es con el que menos extraño, pues el tráfico y la contaminación se han encargado de desaparecer muchos olores en la calle. 

De Alemania. Extraño el olor de la naturaleza y los olores de Navidad en casas y calles.

En general, este sentido no es mi fuerte. A diferencia de mi hermano menor, mi sentido del olfato no es tan sensible y pongo poca atención a los olores que me rodean. Y hablando de olores, el olor que nunca quisiera olvidar y que seguro extrañaré es el olor de mis hijas. Primero ese olor a bebé, y ahora ese olor de niñas… MMMmmmmMMM. Cómo quisiera guardarlo en un frasquito para poderlo oler en un futuro!

Y aunque no es un sentido propiamente, por último agregaría lo que extraño en general de ambos lugares y que incluye valores, sentimientos o costumbres.

De México. Extraño las misas llenas de gente y con coros alegres. Las reuniones familiares con más de 30 personas y las idas a merendar/cenar con mis mejores amigas. Las posadas y las peregrinaciones el día de Guadalupe. También echo de menos las idas regulares al cine, las carnes asadas y los centros comerciales. Que el comercio abra los domingos y acepten tarjeta de crédito en todas partes. La espontaneidad y el humor mexicano.

De Alemania. Extraño la seguridad al salir de noche y el orden con el que se conduce y vive. Las idas al bosque en otoño y a las albercas públicas en verano. Recoger fresas, manzanas o cerezas en las huertas. Los mercados de Navidad y buscar huevos en Pascua. Echo de menos el transporte público y la puntualidad. La confianza y respeto mutuo, la vida tranquila de mi pueblito y que las niñas crezcan sin miedo.

Y obviamente hay cosas que extraño de ambos países y que no escribí porque la lista sería interminable. Sólo menciono como ejemplo, las artesanías, el olor a pan recién horneado, las fiestas nacionales, las iglesias antiguas… todo eso extraño tanto de un país como del otro, aunque sea en algunas ocasiones casi opuesto o muy distinto.


No cabe duda que ya no soy 100% mexicana y nunca seré 100% alemana. Soy una mezcla curiosa de ambos países y por eso extraño tanto a uno como al otro cuando estoy lejos. Supongo que sólo los que están en mi situación comprenderán este sentimiento tan raro de pertenecer y no a dos países al mismo tiempo.Por eso una vez más digo: Viva el MULTI-CULTI 😉

 

Vaya viajecito!

Hoy cumplimos una semana de haber llegado de México y realmente se nota que viajar con 40 no es lo mismo que con 30. Esta vez me ha costado mucho tiempo recuperarme del viaje de regreso, y no tanto por el jet lag, sino simplemente del cansancio. O será que el clima tan lluvioso ha agregado un elemento depresivo a la recuperación?

El viaje de ida también fue muy pesado, ya que aún con la noche que dormimos en el Distrito Federal, el despertarnos dos días seguidos a las 3 de la mañana hizo que el viaje fuera más cansado que de costumbre. Pero entre la emoción de ver a la familia, el clima templado y el plan de posadas y Navidad a la mexicana, hizo que nos olvidaramos de la fatiga y que sólo disfrutaramos del momento.

Viajar de Hamburgo a Monterrey siempre implica dos paradas, una en Europa y otra en América. O cuando volamos vía Nueva York, con dos conexiones en aeropuertos americanos. Sea cual sea la combinación, el viaje es muy pesado y dura aproximadamente 24 horas desde que salimos de una casa hasta que llegamos al destino final. Gracias a Dios las niñas ya están mas grandecitas y cooperan en los aeropuertos llevando su mochila y caminando por su cuenta. Ya no hay que llevar carreolas ni pañales, comen de todo lo que se ofrece en el avión o aeropuertos y siguen durmiendo bien en los vuelos largos.

Aún así, me sigo estresando por las conexiones, las maletas y los vecinos de vuelo. En esta ocasión, por aprovechar una oferta, compramos los boletos de Mexico a Monterrey por separado y nada más de pensar en que no llegaran las maletas a su destino se me fue el sueño más de una noche. De ida, tuvimos la mala suerte de coincidir con una madre que volaba con 4 hijos “talibanes”, que no se ofenda nadie, pero realmente eran un caso nunca antes visto. Gritaban, peleaban y saltaban de un asiento a otro sin parar. Uno de ellos no pegó el ojo en las 11 horas de vuelo y a más de un pasajero estuvo a punto de darle un ataque de histeria. Soy bastante paciente, y mi marido más que yo… estamos acostumbrados a estos vuelos y a oír llantos de bebés o niños a ratos. Pero 11 horas de escándalo fue demasiado. Gracias al cielo las ventanas no se abren, porque poco falto para que nos lanzaramos por ellas.

Cada vez que tomo este tipo de vuelos admiro a mis padres que todavía tienen el ánimo de venir a visitarnos, considerando la aventura que implica llegar hasta aquí.  De regreso se me ocurrió la magnífica idea de visitar el Zócalo capitalino durante las horas de espera entre un vuelo y otro. Primera y última vez. Simplemente fue agregar estrés innecesario, más cansancio porque caminamos muchísimo y desfasar más los horarios de comida.

Además de todos los inconvenientes antes mencionados, el viajar a México es toda una inversión! Recuerdo que recién casada (e ilusa) soñaba con que iría a la madre patria cada año y pensaba que las mexicanas que no lo hacían eran desconsideradas y locas de remate. Ahora yo soy una de ellas. Mientras las niñas estaban pequeñas, pudimos hacer el esfuerzo y volar cada Diciembre a México, e incluso un par de veces volé sola para asistir a una boda o visitar a la familia. Hoy en día volar dos veces al año a México es impensable y con toda la familia hemos tenido períodos hasta de 3 años sin pisar tierras mexicanas.

Monterrey no es un paraíso turístico y nuestras parejas tienen que ser unos santos para gastar todos los días de sus vacaciones en visitar parientes, amigos, compañeros de escuela y más parientes en una ciudad que ni siquiera tiene playa. Los primeros años era novedad, y visitamos todos los lugares turísticos de la ciudad, pero después de 12 años de casados, ya no hay nada interesante y costear unas vacaciones adicionales en la playa más cercana no es nada barato.

Desde hace algunos años me he hecho a la idea que los viajes a México serán cada vez más esporádicos y ahora comprendo a amigas mexicanas que cuando recién llegué me decían “aprovecha mientras puedas viajar en temporada baja”. Viajar en temporada alta y con más miembros en la familia consume gran parte de los ahorros del año, así que poco a poco se cambian los planes y se decide viajar a un destino más cercano y más adecuado para descansar.

Pasar Navidad en México era algo que no consideraba después de que nuestras hijas entraron a la escuela, y doy gracias a Dios por habernos permitido hacerlo el año pasado. Quién sabe cuando vuelva a repetirse. Tampoco hay planes de viajar a México a corto-mediano plazo en verano, así que ahora les toca a mis papás agarrar valor y planear el siguiente viajecito a Alemania para el 2016.

Espero poco a poco retormar energías y volver a la normalidad sin sentirme tan cansada. El domingo pasado, mis hijas y yo despertamos a las 12:30 del mediodía ante la mirada asustada de mi marido. Ni en mis años de adolescente recuerdo haber dormido hasta tan tarde, e incluso pensé que el reloj estaba descompuesto. Ya no estoy para esos viajecitos…. pero bueno, mejor ni me quejo porque mis papás no van a querer venir a visitarme 🙂 Que Dios les conceda salud por muchos años para que lo sigan haciendo, verdad???

Eco de un grito lejano

Oigo un grito lejano… desde hace años oigo un grito que viene desde lejos, desde el país que me vio nacer y crecer y que tuve que dejar hace más de 12 años. Un grito que se oye a 10,000 kilómetros de distancia gracias a las redes sociales, un grito que clama paz y justicia.
Oigo un grito de padres y madres que no quieren cansarse de buscar a sus hijos desaparecidos, un grito de otros mexicanos que piden un país de paz, donde reine la justicia y no haya más corrupción.
Oigo un grito cansado pero fuerte, cada vez más fuerte de gente que no quiere darse por vencida y que diera la vida misma porque sus familiares (en la mayoría jóvenes) volvieran a casa.

Y qué hago yo al oír esos gritos y estar tan lejos??? Tengo dos opciones:
– la primera sería ignorarlos y seguir con mi vida tranquila y segura en Alemania. Dejar de leer malas noticias y concentrarme en los logros de mis hijas, en mi trabajo y en lo que me rodea en este país.
– y la segunda sería ser ECO de ese grito y gritar más fuerte! Gritar a los cuatro vientos que México está en problemas y que necesita ayuda para resolverlos. Gritar, manifestarme y protestar hasta cansarme para que mi grito genere otros ecos y de una o de otra forma, influya en el destino de mi país natal.

Hace 3 años cuando nació el movimiento por la paz (de Javier Sicilia) me decidí por la segunda opción y después de un tiempo, opté por la primera. Cada quién a su vida y a sus problemas, una visión muy egoísta pero muy práctica que sigue la mayoría de los mexicanos en todo el mundo.

Pero desde hace dos meses, el grito ha vuelto y mucho más fuerte. Es imposible ignorarlo! 43 estudiantes de Guerrero se sumaron a la lista de 20,000 desaparecidos en México y muchos mexicanos han decidido gritar junto con sus padres y madres a un mismo son: JUSTICIA!

Al estar lejos de México, nos volvemos víctimas de varias críticas:
– “ni estás aquí, para que te preocupas”. Debo recordarles a todos los que dicen comentarios de este estilo, que al dejar México, no dejamos de ser mexicanos, y aún cuando obtenemos otra nacionalidad, no perdemos a nuestra familia (padres, hermanos, tíos, etc), ni a nuestros amigos de infancia, escuela y trabajo. Tratamos de echar raíces en nuestro nuevo hogar, pero nuestras raíces originales no las perdemos nunca.

– “exageras, no es para tanto”. Muchos dicen que el ciudadano mexicano se ha acostumbrado a la violencia y ya no ve la gravedad de un secuestro, de una balacera ni de un acto de corrupción, pues ya es cosa de todos los días. Para quienes vivimos en países donde las leyes se respetan y nunca se ven balaceras o “levantones”, cada caso que leemos nos parece grave. Y aquí debo insistir que los casos no “parecen” graves, sino que SON graves, aún y cuando sea el número 34,508,298. Ninguna sociedad se debiera acostumbrar a la impunidad, a la corrupción ni a la falta de justicia!

-“te salió lo patriótico”. Al asistir a una marcha, protestar y poner nuestra firma en listas contra el gobierno mexicano por su incompetencia no nos hace más mexicanos, ya lo somos! Y dado que poco o nada podemos hacer desde tan lejos, creemos que ponemos nuestro granito de arena al hacer presión en las embajadas, en los congresos locales y en la prensa internacional. Servirá de algo? No lo sé, pero no perdemos la esperanza.

En estos últimos días, he leído demasiado e incluso mi estado de ánimo se ha visto afectado. Como le dije a mi marido que me juzgaba de “histérica”, estoy entre “deprimida” y “encabronada”. Ya no sé distinguir si estoy triste, enojada o las dos cosas juntas. Cada mañana digo que ya no leeré más y dejo de seguir algunos medios informativos para evitar recibir las noticias de México, pero algo muy dentro de mí, insiste en buscar novedades, llevándome a la locura! Porque las cosas lejos de estar mejorando, están empeorando!

Ahora no es sólo corrupción, impunidad e injusticia, sino represión y descubrimiento de más casos escalofriantes. Los gritos se multiplican y no dejan de zumbar en mis oídos. No puedo ignorarlos, y mi corazón mexicano me impide ignorarlos!

Además de todos esos gritos, me afectan la indiferencia y apatía de muchos de mis contactos. “Cada quién su vida y sus problemas, no tengo tiempo para marchas, los que protestan son de izquierda, nada se resuelve con una marcha, miedo a la represión, tanta mala fama en el extranjero traerá más crisis al país, el presidente y sus compinches se quedarán aunque marchemos, etc, etc”…

Trato de ignorar todos estos argumentos y respiro profundo…. pero mi interior me recuerda que los 20,000 desaparecidos y más de 50,000 muertos en esta guerra no eran de izquierda, ni de derecha… eran padres o hijos, maestros o estudiantes, mujeres y hombres, pobres y dueños de tierras, periodistas y revoltosos, campesinos o artistas… no hay un grupo social ni económico ni cultural que se salve! Cualquiera puede ser víctima hoy o mañana. Acaso eso no despierta el sentido de solidaridad? No hace gritar de coraje, de desesperación, de hartazgo!

Definitivamente no cambiaré a los apáticos ni a los indiferentes, sólo ruego a Dios para que nunca estén en el lugar de esos padres y madres que buscan hijos en basureros y fosas comunes y nunca conozcan lo triste que es gritar y no ser escuchados.

Desde Alemania seguiré siendo eco de esos gritos que claman justicia! Y seguiré rogando a Dios por mi país y cada uno de sus ciudadanos para que algun día experimenten la paz, la seguridad y la impartición de justicia como yo lo experimento aquí.

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