El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

A dieta!

Soy de esas pocas afortunadas personas que nunca han tenido que ponerse a dieta en su vida. De niña fui muy delgadita y pequeña y usaba ropa 1 o 2 tallas mas chicas de mi edad. De joven nunca tuve un cuerpazo y seguí delgada, comía de todo y jamás hice ejercicio.

Según mi marido es genética, y pues no voy a decir que abusaba de la comida, pero nunca me quedé con hambre o medía las calorías consumidas. Simplemente comía porciones normales, nunca me limité en dulces, postres o snacks y pues seguía flaca. Qué suerte!

Con ambos embarazos solo subí 10 kilos cada vez, y los bajé poco después de dar a luz. Incluso en el embarazo de Catalina tuve problemas y tenía que tomar unas bebidas especiales para aumentar de peso.

Y en los últimos 15 años seguí comiendo de todo, cocinando lo más saludable que conozco para la familia, pero sin contar calorías, ver etiquetas en los empaques, ni fijarme si algo tiene tanta azúcar o tanta grasa. Mi marido si que debería bajar de peso, pero sin ejercicio y comiendo en el trabajo lo que le da la gana, pues imposible!

Pero al llegar a los 40 si noté que empecé a subir un poquito… comiendo lo mismo, la báscula fue subiendo sin saber exactamente porqué. La edad, dicen todos… y pues si, el cuerpo va cambiando y no dudo que todo se almacena de forma diferente 🙂 Desde hace un par de años hago una rutina de ejercicios tres veces a la semana por cuestión de mis huesos, pero no lo consideraría deporte ni suficiente para quemar las calorías consumidas por día.

Sigo delgada pero en los pantalones tuve que subir una talla y preferí adaptarme a mis kilitos que ponerme a dieta 🙂 Pero quien diría que una operación de intestino los quitaría de un jalón y me obligaría a ponerme a dieta para no estresar a mi sistema digestivo!

Y pues aquí me tienen leyendo etiquetas en los empaques, comprando productos sin lactosa ni gluten, al menos por un par de semanas, mientras que mi intestino aguanta todo lo que estaba acostumbrado a procesar.

Cómo saben, estuve 12 días en el hospital, de los cuales 6 estuve alimentada de forma intravenosa. No me daba hambre ni sed y un día antes de quitármela, me dieron sopas. No sé bien que tipo de nutriólogo les prepara los menús, pero entre las sopas venía una verde que incluía brócoli que no quise ni probar. Los siguientes días (gracias a Dios solo 3) me dieron menú de “dieta” que incluyó sopa de tomate, filete de puerco y yogurt, cosas que no me comí por recomendación de una amiga médica para evitar gases, retorcijones o dolor de panza.

Ya en casita sigo con dieta blanda y poco a poco iré integrando grasa, carne roja, lácteos y productos integrales. No tengo prisa y sí quiero pasar estos días sin tantos malestares estomacales, que ya con la cicatriz y la inflamación tengo suficiente 😦

Confío en un par de meses poder disfrutar de un buen mole, una pizza italiana o una dona de chocolate sin problemas! Y si he de aumentar de peso otra vez, tampoco pasa nada porque prefiero tener reservas para situaciones como ésta 🙂

Así que disfruten de cada platillo que comen, porque eso de no poder comer es horrible! Y no se lo deseo ni a mi peor enemigo!

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