El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Archivo para diciembre, 2021

El año del 3 x 4 meses

Se acerca el fin de año y con él, el tiempo de reflexionar y ver hacia atrás. Qué pasó en este año, qué logramos y qué lo hizo diferente?

En mi caso el 2021 fue el año de volver a mi carrera como licenciada en informática, de consultora de sistemas después de una larga pausa de más de 12 años.

La oportunidad surgió el año pasado al ver un anuncio en el periódico local, donde buscaban consultores para una empresa de software muy cerca de la casa. Era una empresa muy pequeñita, casi familiar dedicada a desarrollar un programa para el proceso de permisos de construcción en diferentes ayuntamientos a lo largo y ancho del país.

Después de un par de entrevistas y firmar mi contrato, empecé a trabajar el 5 de enero de forma parcial, solo 4 días a la semana para irme acostumbrando al tiempo completo. El trabajo como consultora era interesante, pero el puesto requería también muchos conocimientos técnicos que no tenía, así que no pasé mi período de prueba y mi último día de trabajo fue el 30 de abril. Completé justo 4 meses!

Al inscribirme como desempleada en la agencia del trabajo, me dediqué a buscar cursos de especialización para aprender esa parte técnica que me había faltado en el trabajo. No encontré nada apropiado y tomé dos cursos de alemán intensivo para mejorar mi escritura y mi vocabulario de negocios. Durante el mes de junio tomé un seminario llamado “Arbeiten 4.0” sobre las nuevas formas de trabajo en la era digital que no cumplió mis expectativas.

Mientras tanto seguía buscando oportunidades de trabajo y encontré por casualidad una en Xing que me llamó la atención a mediados de junio. Mandé mis papeles sin mucha ilusión y cual no sería mi sorpresa el no sólo pasar la primera entrevista, sino también la segunda.

Con un viaje planeado a México de tres semanas para el verano, mi fecha de entrada podía ser a principios de septiembre y aceptaron mi propuesta. Justo el día de tomar el avión a Monterrey, recibí mi contrato para comenzar en imc el 1 de septiembre. Exactamente 4 meses después de haber quedado desempleada.

Así que disfruté de unas lindas vacaciones en Monterrey y Puerto Vallarta con la familia y el 1 de septiembre viajé a Saarbrücken para conocer las oficinas, mi equipo de trabajo y recoger mi computadora. Desde entonces trabajo como consultora de un software de e-learning de forma remota y estoy feliz como lombriz. Se acaba el año 2021 cumpliendo 4 meses el 31 de diciembre en dicha empresa y con vista a cumplir mi período de prueba de 6 meses sin problema. Espero que así sea y el próximo año cumpla los 12 meses completos en la misma empresa.

Así que pueden adivinar la razón del título de esta entrada, el año quedó dividido justamente en 3 períodos de 4 meses en el ámbito laboral. Curioso, no?

Pero eso no es todo. Justo hoy 18 de diciembre viajo a Monterrey, justo 4 meses después de haberlo dejado. Creo que nunca había hecho dos viajes a México en tan corto tiempo, pero las circunstancias se presentaron así y decidí pasar la temporada navideña con mi mamá en mi terruño, pasar mi duelo con la familia mexicana y por primera vez estar lejos de mi marido y mis hijas en esta época decembrina.

Será una estancia muy diferente y especial. Un tiempo para acompañar a mi mamá, recordar viejos tiempos y cerrar este círculo. Será difícil no ver a mi papá en su sillón predilecto, viendo sus eventos deportivos en la tele o checando sus finanzas en su PC y consintiéndome al máximo. Doy gracias a Dios por habernos permitido estar en Monterrey en verano, también con mi hermano que vive en California, porque así pudimos tener un tiempo muy lindo con todos. Fue una especie de despedida sin saberlo.

Ahora quién me llevará a comer cabrito? Quién me dará consejos financieros? Extrañaré cuando estaba en Alemania y me traía mazorcas de sus paseos en bici o cuando se saboreaba una buena cerveza. Nada será igual a partir de ahora y tendremos que acostumbrarnos a su ausencia física, porque sé que sigue entre nosotros de otra forma.

Un año complicado por el covid llega a su fin, un año lleno de satisfacciones profesionales y un año con una gran pérdida. Doy gracias a Dios por lo aprendido y lo vivido en este año y le pido que el 2022 esté lleno de esperanza, salud y aventuras. La primera ya está planeada, pero eso se los contaré en otra ocasión!

Feliz y próspero 2022 para todos mis amados lectores!

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Apagándonos….

Hace unos días me llegó esta reflexión por whatsapp que les comparto:

«Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones con sus amigos, Sin ningún aviso dejó de participar en sus actividades. Después de algunas semanas, una noche muy fría, un integrante del grupo decidió visitarlo. Encontró al hombre en casa, solo, sentado frente a una chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor. Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida a su compañero. Se hizo un gran silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno de los troncos de leña que crepitaban en la chimenea. Al cabo de algunos minutos el visitante sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban y seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, retirándola a un lado del brasero con unas tenazas. Volvió entonces a sentarse. El anfitrión prestaba atención y al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que sólo hubo un brillo momentáneo y el fuego se apagó repentinamente. En poco tiempo, lo que era una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón. Muy pocas palabras habían sido dichas desde el saludo. El visitante antes de prepararse para salir con las tenazas, regresó el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego. De inmediato, la brasa se volvió a encender, alimentada por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno suyo. Y el anfitrión le dijo: «Gracias por tu visita y por tu bellísima lección. Regresaré al grupo». ¿Por qué se extinguen los grupos? Muy simple: porque cada miembro que se retira le quita fuego y el calor al resto. A los miembros de un grupo vale recordarles que ellos forman parte de la llama. Es bueno recordarles que todos somos responsables por mantener encendida la llama de cada uno y debemos promover la unión entre todos para que el fuego sea realmente fuerte, eficaz y duradero. No importa si a veces nos molesta tantos mensajes que llegan al chat, lo que importa es estar conectados, en silencio algunos, otros muy activos, con diferencias de opinión y caracteres. Los amigos que aquí estamos reunidos es para conocer, aprender, intercambiar ideas, o simplemente saber que no estamos solos, que hay un grupo de Amigos y Familiares con los que podemos contar. Mantengamos la llama viva. Aunque algunos se reporten esporádicamente, es bueno saber que mantienen su llama encendida.“

Cuando la terminé de leer no pensé en mis grupos de whatsapp ni de facebook, sino en mi papá y sus múltiples grupos sociales que por el coronavirus tuvo que dejar desde el año pasado para evitar el contagio y posibles consecuencias a su corazón.

Una de las características que heredé de mi papá fue el ser „socialitos“. Tanto él como yo, somos de los que si no hay mitote, lo organizamos. Y tenemos muchos „grupitos“ de amistades, que si los ex-colegas, los de la escuela, los vecinos, los de la uni, los de la iglesia, etc. Y por lo mismo, nuestros calendarios estaban llenos de reuniones, festejos y convivios hasta que llegó el corona y nos vació el calendario de un día para otro.

Y precisamente como ese pedazo de carbón de la historia, nos hemos estado apagando poco a poco. Mi papá sustituyó sus visitas al club deportivo donde se encontraba a muchos conocidos por una bicicleta estacionaria en su departamento, las dos o tres veces que iba al dominó con amigos por „encuentros virtuales“ con amigos de vez en cuando y con mi hermano y sobrino cada sábado. Pero el desayunito con el compadre, los almuerzos con hermanos y primos de mi mamá cada mes, las idas a cenar con los grupos de parejas y las idas al cine con mi mamá cada miércoles tuvieron que ser cancelados definitivamente.

Lo que parecía que iba a durar sólo un par de meses se extendió por un año y medio y aunque poco a poco se iba reanudando la vida social en Monterrey, mi papá ya no volvió a su „socialitos“ como antes. La salud física le pasó factura simultáneamente o tal vez como consecuencia de su „encierro“? Nunca lo sabremos, pero definitivamente este verano que lo vi ya no tenía la energía que lo caracterizaba y que recién el año pasado (enero 2020) antes de la pandemia había observado cuando les ayudé con la mudanza a su nuevo departamento.

Claro, mi papá ya iba a cumplir 80 años y había disfrutado muchísimos años llenos de encuentros sociales, fiestas, carnes asadas y convivencias. Pero y los niños, los jóvenes y el resto de la población? Con esta reflexión del carbón me ha quedado claro que todos nos estamos apagando y peor aún, acostumbrándonos a la no-convivencia. A menudo escucho comentarios sobre gente que se molesta cuando la gente se les acerca demasiado en el supermercado, o cuando se suben más personas a un ascensor donde ya hay un par de personas. Otros se sienten „engentados“ al asistir a una feria o mercado de navidad. Mi hija mayor incluso preferiría volver al „home-schooling“!

Sí, si tengo miedo de una sociedad aislada y solitaria, de niños huraños que eviten el contacto social, de jóvenes concentrados en la vida „virtual“ de redes sociales y chats, de adultos mayores sufriendo de soledad extrema y de profesionales evitando volver a la oficina.

Ruego a Dios que cuando esta pesadilla llamada coronavirus termine, todo sea tan simple como en la historia del carbón y podamos automáticamente volvernos a encender y ser parte de los grupos de amigos, vecinos y colegas. Que la vida social vuelva a llenar nuestros fines de semana con eventos, los asilos con visitantes, las discotecas con jóvenes y los salones de fiestas infantiles con niños jugando por doquier. Que vuelva el «Oktoberfest», los carnavales y los conciertos. Y por supuesto sin hacer distinción entre vacunados y no vacunados… que todos volvamos a disfrutar de la vida sin miedo de los demás ni mucho menos de un virus llamado Corona.

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