El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Adiós a mi mochila roja

Hace exactamente nueve años que escribí una entrada titulada “soy la de la mochila roja” y era para hacer referencia a una mochila roja que siempre cargaba a mis clases de español. Todavía sobrevive y me acompaña a todos mis clases, tanto en la universidad como en la VHS (Volkshochschule).
Y ahora ha llegado el momento de jubilarla. Fueron muchos años de fiel compañía pero como todo en la vida, ha llegado el día de cambiar de aires y a partir de enero volveré a mi profesión de informática.


La semana pasada fue la semana de despedidas, un curso en la universidad y 5 en la VHS Stade. De los dos cursos que había comenzado en la VHS Buxtehude no pude despedirme personalmente porque los cursos se interrumpieron en noviembre por la pandemia y no les alcancé a avisar de mis planes laborales para el 2021.
No cabe duda que extrañaré mucho mi vida de profesora de español y a mis alumnos. A lo largo de los años agarré mucha experiencia, conocí a mucha gente y aprendí a amar esta profesión. Soy organizada y paciente, cualidades que siempre me ayudaron a simpatizar con mis alumnos y me tomaban cariño con facilidad.


La noticia de dejarlos le cayó como bomba a mas de uno, pero al final terminaron felicitándome por mi nuevo trabajo y deseándome mucha suerte.
No me despido al 100% porque uno nunca sabe y quizás en un futuro vuelva a las clases de español. Pero de momento decidí dejar todos los cursos, incluso los particulares para concentrarme en mi nueva rutina de trabajo de tiempo completo.

Estoy segura de que muchas cosas cambiarán en mi día a día y no sólo extrañaré el tiempo libre en el que podía tomar café con amigas, irme de compras o simplemente ver una serie de Netflix. Además, tendré que acostumbrarme a comer “cosas simples” en la oficina, sea que lo compre o lo lleve de casa y mis hijas tendrán que calentar lo que deje hecho o cocinar algo rápido para posteriormente comer solitas. Sí, ya están grandes y no dudo de sus capacidades, pero era muy bello escuchar a Catalina desde la puerta cómo adivinaba por el olor lo que comeríamos, o las charlas después de comer mientras recogíamos juntas la mesa. Pero ahora ya no tendré cursos por la tarde-noche, de tal forma que podré cenar siempre con las chicas y mi marido si no está de viaje.

Desde hace un tiempo que las niñas se van solas en autobús a sus clases de baile y citas médicas, así que en ese tema no habrá grandes cambios. Y también desde hace años que no es necesario que revise sus tareas o les pregunte para un examen, por lo que tampoco extrañarán mi ayuda o presencia por la tarde.

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo… 11 años de docente y parece que fue ayer cuando apenas comenzaba nerviosa y sin mucha idea de cómo explicar la gramática del español. Supongo que así comenzaré la siguiente etapa, nerviosa y sin mucha idea de los programas computacionales que tendré que dominar en poco tiempo para poder dar asesoría y entrenamiento. Pero así como lo hice en el campo de los idiomas, estoy segura que no me será difícil lograrlo en el área de informática.

Cierro un capítulo y mi oficina en casa que está llena de libros y material que apoyaron en cientos de horas de clases de español. Quedan los lindos recuerdos, los logros de decenas de alumnos y las palabras de agradecimiento con las que nos despedimos la semana pasada.

Las despedidas no fueron tan sentimentales como esperaba ya que con tanta medida de higiene no fue posible hacer el tradicional “buffet” en el que compartíamos lo que llevábamos de tomar y comer, tampoco hubo fotografías ni abrazos.

Además, algunos alumnos cancelaron de último momento su asistencia por el aumento de casos de Covid en la ciudad, así que en todos los grupos hubo poca gente, pocas ganas de tener una reunión navideña y poco que compartir.

Lo que no faltó fue el tradicional regalo de agradecimiento de fin de curso, y sabiendo que era el último mis alumnos me sorprendieron con muchas flores, tarjetas, un bolígrafo, entre otros lindos detalles. Y tampoco faltaron los buenos deseos para mi futuro profesional, las palabras de agradecimiento y los comentarios de que si no me gusta mi nuevo trabajo, allí estarán esperando mi regreso.

Así que adiós a mi mochila roja y todo lo que incluía dentro 😦

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