El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

“En el mar, la vida es mas sabrosa…” dice una popular canción y definitivamente le doy la razón! Pero como todo en la vida, hay de mar a mar, y el que cree que todas las playas son cálidas, con olas, palmeras y vendedores de pareos no conoce las playas del norte de Europa!

Lo más curioso, es que para muchos alemanes la frase “en el mar, la vida es más sabrosa” también aplica cuando se pasan unos días soleados en las playas del mar del Norte o Báltico con apenas 20 grados y el agua a 16, sin olas y con vientos de 60-80 km/hr. Por eso repito, hay de mar a mar y en gustos se rompen géneros.

Mi primera vez en una playa alemana fue hace varios años, 10 para ser exactos. Pasamos Pascua con mis suegros en la famosa playa de “Timmendorfer Strand” en el Mar Báltico (Ostsee). No es necesario escribir, con ver la foto a continuación podrán entenderme:

 

Nunca había pensado que se podía ir a la playa vestida como quien va al polo norte! Y mi marido diciendo “oh, que hermoso día, y la brisa, y las gaviotas…” y pusimos a las niñas a jugar en la arena mientras que yo temblaba de frío y no aguantaba el aironazo en los oídos.

Lo siento, pero conociendo las playas mexicanas y todo lo que incluyen, desde los 30 grados, agua templada, hermosas olas, arena suave, y ambiente con bebidas tropicales, cocos y mangos enchilados, no me pueden pedir que me gusten las playas de acá. Pero como les digo, esa primera experiencia fue en Abril y este año quise darle una segunda oportunidad al Mar Báltico, pero en Junio!

Aprovechando un puente y poniendo como excusa nuestro aniversario de bodas #15, dejamos a las niñas con mis suegros y pasamos unos días en Wismar donde no solo conocimos la ciudad, sino algunas playas cercanas.

  • Wismar. Es una ciudad hanseática como Stade (donde vivo) y con una población similar. El centro histórico es patrimonio de la humanidad y conocimos dos de las iglesias importantes de la ciudad. Incluso en la iglesia de Santa María, hicimos un tour que nos llevó por la torre de 82 metros que queda de la construcción, ya que la nave fue demolida en los 60s porque después de la 2da guerra mundial quedó muy destruida y reconstruirla salía muy caro. Muy recomendable!

 

La ciudad es muy bonita y en el puerto comimos los tradicionales “Fischbrötchen” (torta de pescado) que estaban para chuparse los dedos.

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  • Isla Poel. Una pequeña isla de apenas 2500 habitantes donde conocimos la iglesia del pueblo y la playa. A pesar de estar a 17 grados, había gente dentro del agua que también estaba muy fría. Brrrrr!

 

  • Boltenhagen. Al día siguiente conocimos esta popular playa que es muuuuy turística y donde había muchísima gente tomando el sol, bañándose o paseando por la ciudad que está llena de restaurantes y bares. Claro, había un sol brillante y 20 grados!!! No me puedo quejar, pues este día pude caminar por la playa en manga corta 🙂

 

 

Por azares del destino, el siguiente fin de semana volví al mar Báltico, pero esta vez con amigas y del lado del estado Schleswig-Holstein, y no de Mecklenburg-Pommern. La ciudad se llama Grömitz y también es muy turística. Paseamos por el malecón, disfrutamos del sol y el clima (24 grados) y aunque no me metí al mar, pasé un par de horas a la orilla para tomar un poco de sol y vitamina D! El agua estaba a 16 grados pero como pueden ver en las siguientes fotos, eso no les importa a los alemanes ya que se bañaban como si nada.

 

En resumen les cuento que esta vez disfruté mucho más de las playas alemanas que hace 10 años, pero aún así no creo pasar jamás unas vacaciones de una semana o más en el mar del Norte o el Báltico. Prefiero mil veces las playas del sur, sea España, Italia, Grecia o Croacia, que aunque no vendan mangos con chile, ni los niños muevan la panza por 10 pesos, el clima y la temperatura del agua son suficientemente cálidos para mi 🙂 Es mucho pedir? Tal vez, pero ni las playas bajitas ni las canastas típicas de la región me convencen. Un fin de semana con gusto, pero nada más!

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A los alemanes les encanta el agua, y no sólo tienen las costas del norte, sino que apenas saliendo el sol, los lagos, ríos y piscinas públicas en todo Alemania se llenan de gente que disfruta bañarse a partir de los 20 grados. Después de 15 años de vivir en este país sigo sin adaptarme a esta costumbre, pero mis hijas como buenas alemanas disfrutan de la playa del Río Elba o de cualquier lago como si estuvieran en Puerto Vallarta o Cancún. Dichosas! Yo me muero de frío en estas aguas heladas aunque afuera esté el sol a 30 grados 🙂 Por qué será???

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