El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Archivo para julio 18, 2016

Empieza la tortura

Nunca olvidaré mi primera visita al dentista en Alemania… era el mismo dentista de mi marido y después de revisar mis dientes y hacer la limpieza de control nos dijo muy serio a los dos: Ambos tienen problemas de mandíbula y si tienen hijos algún día, es casi seguro que ellos heredarán ese problema.

Palabras de profeta… De dos hijas, las dos tienen problemas de mordida. Vaya suerte!
Si escribiera sobre mis traumas dentales, seguro no terminaría nunca. Desde chiquita empecé con problemas porque mis dientes de leche no se cayeron de forma natural sino que tuvieron que ser extraídos con todo y raíz. Además, no tenía espacio para todos, así que me tuvieron que sacar dos colmillos de arriba. Gracias a Dios nací solo con dos muelas del juicio que dieron bastante lata al ser extraídas. Y a causa de los dientes y la mandíbula chueca usé todo tipo de frenos hasta casi los 18 años. Un desastre! Y yo no sé si no me corrigieron la mordida o qué pasó pero aún hoy en día uso un paladar para dormir.

Nuestras hijas empezaron a ir al dentista desde chiquitas para su control semestral y aunque era prematuro afirmarlo, la dentista nos comentó que seguramente las niñas necesitarían terapia dental.
Con la menor empezamos mal desde el principio, ya que al igual que yo los dientes de leche no se aflojaban y los nuevos empezaban a salir atrás, adelante o a un lado, por lo que siempre fue necesario ir al dentista para que se los sacaran.

Con la mayor no tuvimos ese problema pero desde la primera cita con el ortodoncista nos confirmaron la profecía del dentista de mi marido: la mandíbula no esta bien y después de sacar radiografías se pudo observar que tanto la de abajo como la de arriba están fuera de lugar. Así que el tratamiento incluye dos partes: un aparato extrabucal (AEB o headgear)  o lo que yo llamaba frenos de caballo porque yo también los usé, para meter la superior y un retenedor extraíble para componer la inferior.

Victoria debe dormir con ambos aparatos y traerlos dos horas durante el día. Al principio pensé que tendría que insistir o que tal vez no iba a querer portarlos, pero para mi sorpresa ha resultado muy aplicada y no ha habido necesidad siquiera de decirle nada, ella solita se los pone como parte de su rutina diaria y no ha tenido problemas para adaptarse a ellos.

El tratamiento durará aproximadamente un año y medio y el seguro médico cubre el 80% de los costos que ascienden a mas de 1500 euros, pero el 20% restante que pagaremos en este tiempo será reembolsado al término del mismo. Bendito seguro!!!

Sinceramente confío en que solo sea un año y medio de tortura y no toda la adolescencia como me pasó a mí. En los próximos meses sabremos el diagnóstico oficial de Catalina, que pinta similar o peor que el de la hermana mayor. Ya les contaré los detalles tan pronto empiece su tortura dental 😦

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