El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Todos los años están llenos de días para celebrar por ejemplo el cumpleaños, para conmemorar el día de aniversario de bodas, y otros para recordar de forma sencilla como el día en que conocimos a nuestra media naranja, o de forma triste como el aniversario luctuoso de un familiar cercano. Pero hay otros días que quedan marcados en nuestro calendario porque fue el inicio o el fin de una etapa, proceso o proyecto de vida.

Nunca olvidaré el 1 de junio del 2006… sí, hoy hace 10 años me internaba en el hospital por complicaciones de mi segundo embarazo y no sabía ni por cuánto tiempo, ni qué pasaría en las siguientes semanas.

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Apenas estaba en la semana 32 y Catalina pesaba poco menos de kilo y medio, así que un parto prematuro hubiera sido muy delicado. La placenta no funcionaba del todo bien y tenía menos líquido amniótico del deseado, lo que había ocasionado que la bebé siempre fuera más pequeña del promedio.

El miedo y la incertidumbre no lo eran todo, sino la premura de la noticia que apenas nos dio tiempo de llamar a mis suegros para que se hicieran cargo de nuestra hija mayor que apenas tenía año y medio.

A 10 años de distancia todo se ve muy diferente… como bien pueden adivinar, todo marchó bien y Catalina nació en la semana 38 por cesárea. Pequeñita pero sana y hoy en día es una niña normal, de estatura promedio y muy vivaracha.

Pero qué pasó en esas 6 semanas que estuve en el hospital, esperando y esperando… Algunas veces pienso que los médicos se pasaron de precavidos y simplemente me regalaron 6 semanas de descanso y aburrimiento en un hotel 3 estrellas llamado hospital. No se rían, de verdad que no hubiera sido muy distinto a una estancia en un hotel. Podía moverme libremente por la estación de ginecología o de maternidad (me cambiaban a cada rato dependiendo del nivel de ocupación), en los jardines, e incluso algunos días como mi cumpleaños o fin de semana me dejaban ir a casa por algunas horas.

Vi todos los partidos del mundial de fútbol en la comodidad de mi habitación, terminé no sé cuantos trabajos manuales de Navidad a pesar del calor veraniego y leí muchos libros. Todo hubiera sido muy distinto si hubiera contado con internet, mi blog y el whatsapp 🙂 pero esos eran otros tiempos y escribía algunos correos en la computadora que después mi marido enviaba cuando llegaba él a casa.

Nuestra pequeña Victoria pasó un verano de lujo en casa de los abuelos y obviamente no recuerda nada de esas 6 semanas, ni de las dos visitas que hizo al hospital donde su mamá la extrañaba demasiado. (No olviden que mis suegros viven a 3 horas de aquí, así que no la podían traer cada fin de semana como hubiera querido)

Mi marido siguió trabajando y viajando como de costumbre y sólo me visitaba los fines de semana, así que pueden imaginar lo eterno que me parecían los días entre semana. Eso sí, puntualmente me realizaban un cardiograma tres veces al día y una sonografía cada semana. Todo marchó bien y finalmente programaron la césarea para el 12 de julio, una semana después de mi cumpleaños número 33.

Estoy segura que mi mamá hubiera querido acompañarme ese tiempo pero por más que insistió me negué porque no tenía caso venir, ya que aquí no se queda nadie a dormir en el hospital con el paciente ni mi marido estaba para llevarla y traerla a la casa. Puedo suponer que fue un tiempo difícil para la familia en Monterrey, pero gracias a Dios todo salió bien y mi mamá pudo llegar dos semanas después del parto a apoyarme al 100% con la bebé y la hermanita!!!

Ya pasaron 10 años y el 1 de junio sigue siendo un día que me lleva a reflexionar y a dar gracias una y otra vez. Esas 6 semanas fueron una prueba a mi paciencia y una etapa de aprendizaje, meditación interior y recarga de energía. Y cada vez que tengo un problema pequeño o grande, recuerdo esas 6 semanas. Si las sobreviví, puedo sobrevivir cualquier otra cosa. Gracias a Dios por ese periodo no tan ameno pero que me hizo crecer y valorar todo lo que soy y tengo.

Y ahora a preparar todo para la fiesta de detectives de nuestra pequeña, que este año celebra prematuramente su cumpleaños porque el 12 de julio ya serán vacaciones de verano y tuvimos que adelantar la fiesta al 5 de junio. En Alemania, dicen que es de mala suerte celebrar tu cumpleaños antes del mero día, pero en este caso seguiremos las costumbres mexicanas: no importa si antes o después, lo importante es festejar! Y vaya que tenemos razones para festejar a este milagro llamado Catalina 🙂

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