El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Adiós a los guardianes!

Hace algunos años escribí sobre la película de los Guardianes y cómo nuestras hijas de 6 y 7 años todavía creían en ellos. Me refiero al conejo de Pascua, Papá Noel y el hada de los dientes. Tarde o temprano iba a llegar el día en que Victoria y Catalina dejaran de creer en estos personajes de fantasía que traen regalos en Pascua, Navidad o cuando se caen los dientes. Y ese día llegó!

El primero fue Papá Noel en la navidad pasada… No hubo necesidad de una explicación oficial, ya que desde el año anterior ya sabían la verdad pero se jugaba con el nombre y seguíamos simulando la llegada sorpresiva de regalos. La costumbre de los diferentes horarios se mantuvo, pero esta vez se dijo específicamente que los regalos que se recibieron el 24 por la tarde eran de los abuelos y los del 25 por la mañana de papá y mamá. Y el mito de Papá Noel, Santa Clos o “Weihnachtsmann” desapareció en un abrir y cerrar de ojos…

Después le tocó el turno al hada de los dientes, que aunque ya no creían en ella seguían recibiendo regalitos. Recuerdo cuando nuestra hija mayor nos preguntó que hasta cuando recibirían “sorpresitas” debajo de la almohada a cambio de sus dientes, y la verdad es que no tenía idea si había alguna regla en particular, así que simplemente contesté que el hada de los dientes les traería un regalito solamente por los primeros 10 dientes que perdieran. Me parecía un número razonable y no sabía hasta que edad pasaría eso, pero como todo en la vida, el mes pasado se cayó el diente número 10 a nuestra hija menor y automáticamente perdí el trabajo de “hada de los dientes”. Ya no habrá sorpresita, ni moneda (cuando el hada no estaba preparada con regalito), ni entradas a media noche para dejarlas debajo de su almohada sin que lo notaran. Cómo lo voy a extrañar!

Y por último le ha tocado al conejo de Pascua. Esta Pascua hemos decidido cambiar los regalitos por un billetito para que las niñas compren lo que ellas deseen y juntando lo de los abuelos y lo nuestro puedan comprar algo más grande o simplemente ahorrarlo. Como sucedió la Navidad pasada, no hubo explicación oficial, simplemente se entregaron tarjetas firmadas por nosotros o los abuelos y automáticamente el Conejito pasó a mejor vida.

He de confesar que no estaba preparada psicológicamente para este momento y menos para que todo sucediera en menos de tres meses. Sabía que el momento llegaría, pero creo que en mi interior no quería que llegara. Obviamente el hecho de que nuestras hijas no crean más en Papá Noel o el conejo, no quiere decir que no habrá sorpresas, ni que dejaremos de esconder regalos entre arbustos en Pascua pero lo que ya no veré más es esa carita de incredulidad, esa inocencia ni escucharé más eso de “Mamá, pero viste los Renos?”, o “Mamá, yo sí vi al conejo pasar rapidísimo en el jardín”. No sé quién disfrutaba más de esos cuentos de fantasía, si mis hijas o yo al verlas.

Y junto con la desaparición de estos hermosos personajes de fantasía, mueren también las hadas, sirenas y princesas. La fase de magia, ensueño y fantasía ha terminado y ahora toca prepararme para la adolescencia, que seguro tendrá su lado bonito y positivo (quiero creer que si hay algo bueno en la adolescencia, jiji). Fui una mamá pro-cuentos, castillos y disfraces. Mis hijas crecieron entre unicornios, el color rosa y sus princesas, incluso las conocieron en persona cuando visitamos Disney. Volví a ser niña a su lado y no lo voy a negar, fomenté esa fantasía porque sabía que era una etapa corta que valía la pena vivir. Mi marido criticaba el exceso de juegos, caricaturas y cuentos de fantasía, pero más de una vez le hice ver que esa imaginación e inocencia no duraría para siempre. Respeto a mis amigas “anti-princesas” y no sé si mis hijas tengan problemas en un futuro por haber creído en un mundo color de rosa, en donde la mujer es sumisa, cree en el príncipe azul y es feliz con un montón de hijos. Pero dudo que los cuentos y juegos de su infancia tengan un lugarcito en sus agendas en el mundo de hoy. Vivieron su niñez al máximo, creo que fueron felices y recordarán esos disfraces y momentos como algo divertido y talvez cursi. Eso es todo.

Como mamá, no me queda más que atesorar todos estos recuerdos y revivirlos al ver las fotos y videos. En menos de lo que imaginé, ya sueñan con tacones, maquillaje y ropa de moda. Están entrando en la etapa que todo parece infantil y quieren ser “grandes”, es decir jóvenes o adultas, pero para mí siguen siendo niñas.

De los “guardianes” pasamos a los “peligros”, y pido a Dios que no desaparezca a los “ángeles guardianes” que son mas necesarios que nunca 🙂 También le pido me mande sensatez, cordura, paciencia y muchas cosas más para seguir acompañando a estas princesitas que ya sueñan en ser señoritas. Porqué tienen que crecer tan rápido??? me pregunto yo…

 

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Comentarios en: "Adiós a los guardianes!" (1)

  1. homero gonzalez dijo:

    es una fase de illusion necesaria para crecer….

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