El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Eco de un grito lejano

Oigo un grito lejano… desde hace años oigo un grito que viene desde lejos, desde el país que me vio nacer y crecer y que tuve que dejar hace más de 12 años. Un grito que se oye a 10,000 kilómetros de distancia gracias a las redes sociales, un grito que clama paz y justicia.
Oigo un grito de padres y madres que no quieren cansarse de buscar a sus hijos desaparecidos, un grito de otros mexicanos que piden un país de paz, donde reine la justicia y no haya más corrupción.
Oigo un grito cansado pero fuerte, cada vez más fuerte de gente que no quiere darse por vencida y que diera la vida misma porque sus familiares (en la mayoría jóvenes) volvieran a casa.

Y qué hago yo al oír esos gritos y estar tan lejos??? Tengo dos opciones:
– la primera sería ignorarlos y seguir con mi vida tranquila y segura en Alemania. Dejar de leer malas noticias y concentrarme en los logros de mis hijas, en mi trabajo y en lo que me rodea en este país.
– y la segunda sería ser ECO de ese grito y gritar más fuerte! Gritar a los cuatro vientos que México está en problemas y que necesita ayuda para resolverlos. Gritar, manifestarme y protestar hasta cansarme para que mi grito genere otros ecos y de una o de otra forma, influya en el destino de mi país natal.

Hace 3 años cuando nació el movimiento por la paz (de Javier Sicilia) me decidí por la segunda opción y después de un tiempo, opté por la primera. Cada quién a su vida y a sus problemas, una visión muy egoísta pero muy práctica que sigue la mayoría de los mexicanos en todo el mundo.

Pero desde hace dos meses, el grito ha vuelto y mucho más fuerte. Es imposible ignorarlo! 43 estudiantes de Guerrero se sumaron a la lista de 20,000 desaparecidos en México y muchos mexicanos han decidido gritar junto con sus padres y madres a un mismo son: JUSTICIA!

Al estar lejos de México, nos volvemos víctimas de varias críticas:
– “ni estás aquí, para que te preocupas”. Debo recordarles a todos los que dicen comentarios de este estilo, que al dejar México, no dejamos de ser mexicanos, y aún cuando obtenemos otra nacionalidad, no perdemos a nuestra familia (padres, hermanos, tíos, etc), ni a nuestros amigos de infancia, escuela y trabajo. Tratamos de echar raíces en nuestro nuevo hogar, pero nuestras raíces originales no las perdemos nunca.

– “exageras, no es para tanto”. Muchos dicen que el ciudadano mexicano se ha acostumbrado a la violencia y ya no ve la gravedad de un secuestro, de una balacera ni de un acto de corrupción, pues ya es cosa de todos los días. Para quienes vivimos en países donde las leyes se respetan y nunca se ven balaceras o “levantones”, cada caso que leemos nos parece grave. Y aquí debo insistir que los casos no “parecen” graves, sino que SON graves, aún y cuando sea el número 34,508,298. Ninguna sociedad se debiera acostumbrar a la impunidad, a la corrupción ni a la falta de justicia!

-“te salió lo patriótico”. Al asistir a una marcha, protestar y poner nuestra firma en listas contra el gobierno mexicano por su incompetencia no nos hace más mexicanos, ya lo somos! Y dado que poco o nada podemos hacer desde tan lejos, creemos que ponemos nuestro granito de arena al hacer presión en las embajadas, en los congresos locales y en la prensa internacional. Servirá de algo? No lo sé, pero no perdemos la esperanza.

En estos últimos días, he leído demasiado e incluso mi estado de ánimo se ha visto afectado. Como le dije a mi marido que me juzgaba de “histérica”, estoy entre “deprimida” y “encabronada”. Ya no sé distinguir si estoy triste, enojada o las dos cosas juntas. Cada mañana digo que ya no leeré más y dejo de seguir algunos medios informativos para evitar recibir las noticias de México, pero algo muy dentro de mí, insiste en buscar novedades, llevándome a la locura! Porque las cosas lejos de estar mejorando, están empeorando!

Ahora no es sólo corrupción, impunidad e injusticia, sino represión y descubrimiento de más casos escalofriantes. Los gritos se multiplican y no dejan de zumbar en mis oídos. No puedo ignorarlos, y mi corazón mexicano me impide ignorarlos!

Además de todos esos gritos, me afectan la indiferencia y apatía de muchos de mis contactos. “Cada quién su vida y sus problemas, no tengo tiempo para marchas, los que protestan son de izquierda, nada se resuelve con una marcha, miedo a la represión, tanta mala fama en el extranjero traerá más crisis al país, el presidente y sus compinches se quedarán aunque marchemos, etc, etc”…

Trato de ignorar todos estos argumentos y respiro profundo…. pero mi interior me recuerda que los 20,000 desaparecidos y más de 50,000 muertos en esta guerra no eran de izquierda, ni de derecha… eran padres o hijos, maestros o estudiantes, mujeres y hombres, pobres y dueños de tierras, periodistas y revoltosos, campesinos o artistas… no hay un grupo social ni económico ni cultural que se salve! Cualquiera puede ser víctima hoy o mañana. Acaso eso no despierta el sentido de solidaridad? No hace gritar de coraje, de desesperación, de hartazgo!

Definitivamente no cambiaré a los apáticos ni a los indiferentes, sólo ruego a Dios para que nunca estén en el lugar de esos padres y madres que buscan hijos en basureros y fosas comunes y nunca conozcan lo triste que es gritar y no ser escuchados.

Desde Alemania seguiré siendo eco de esos gritos que claman justicia! Y seguiré rogando a Dios por mi país y cada uno de sus ciudadanos para que algun día experimenten la paz, la seguridad y la impartición de justicia como yo lo experimento aquí.

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