El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Archivo para junio 20, 2014

Recolectando fresas

Y ya que estoy escribiendo de experiencias únicas, aquí les cuento sobre otra un tanto diferente.

Mis papás vienen cada dos años a visitarnos y siempre busco actividades distintas para no volver a los lugares que ya conocen, y esta es la segunda vez que vienen en Junio por lo que las actividades varían mucho a las que normalmente hemos hecho en otoño, temporada en la que casi siempre han venido.

Para empezar, hemos comido espárragos frescos y hemos disfrutado de la naturaleza en plena primavera, casi verano. Para su sorpresa, han experimentado por primera vez el calorón de 30 grados en Alemania y las mañanas cálidas de 18 grados en las que no necesitan ponerse sweater para desayunar en la terraza.

Desde hace meses había apuntado en las cosas por hacer con ellos, el recolectar fresas. Y para nuestra buena suerte, tuvimos oportunidad de hacerlo antes de que partieran a su crucero por el mar Báltico.

Sin decirles a dónde íbamos, se pusieron zapatos deportivos y cargaron sus sombreros por si hacía mucho sol. En menos de 20 minutos llegamos a un campo enorme lleno de arbustos y sorprendidos, seguimos a una persona que nos indicó la hilera que nos tocaba “pizcar” 🙂

Como todo en Alemania, se organiza a los visitantes para que sigan un orden y marcan las hileras que ya están pizcadas con unos palitos a la altura de la hilera para que los siguientes le sigan hasta terminarla.

En menos de 15 minutos habíamos llenado una canasta de casi 5 kilos. Mientras recolectamos, podemos comer las que queramos, y pues había que probar! Una verdadera delicia, dulces y jugosas, unas fresas enormes y otras pequeñitas, pero todas deliciosas!

No hacía sol y nos salvamos de la lluvia. Hacía un poco de viento, pero con el trabajo ni lo sentimos. Misión cumplida! Los visitantes felices de la experiencia y con 5 kilos de fresas listos para disfrutarse! Desgraciadamente es una fruta delicada que dura pocos días, así que la mayor parte terminó en mi Thermomix y tenemos mermelada para regalar y disfrutar por lo menos hasta la próxima temporada.

Experiencia única en una llanura de marea :)

El lunes siguiente al domingo de Pentecostés es día feriado en Alemania y este año aprovechamos el puente para conocer algunos lugares cerca de casa. Además de la visita de mis padres para la comunión de mis hijas, este fin de semana coincidió un sobrino que andaba de tour por Europa.

La idea era irnos todos en tren a Cuxhaven, pero justo el viernes anterior mi hija mayor tuvo un accidente en bicicleta y no podía caminar bien. Así que mi papá se ofreció a quedarse en casa con ella, también para evitar la posible asoleada ya que ese día pronosticaban 30 grados y muchas horas de sol.
Finalmente nos fuimos en coche a Cuxhaven, una ciudad a una hora y media de Stade donde el Río Elba desemboca en el mar del Norte. Ya había estado dos veces ahí, pero por una cosa o por otra no había tenido oportunidad de conocer el mayor atractivo de la ciudad: el parque Nacional del Mar de Frisia hamburgués.
Desde 1992 el parque nacional es reserva de la biosfera y patrimonio nacional, algo que incrementa la importancia del parque, porque desde entonces ha sido colocado bajo protección internacional de acuerdo con el programa de la Unesco, “Hombre y Biosfera”.

Nos fuimos temprano para aprovechar bien el día, y después de conocer el centro de la ciudad, conducimos hacia el parque nacional que esta como a 10-12 kilómetros del centro. Tuvimos suerte de que un coche salía de un estacionamiento justo en el momento en que llegábamos. Estaba todo llenísimo!!!
Habíamos reservado un tour corto para conocer el parque. Así que justo a las 2 de la tarde, bajo un sol picoso nos reportamos ante el guía, un hombre mayor que guiaría a un grupo de 20-25 personas por la llanura de marea. Mi mamá decidió no acompañarnos a último momento, así que sólo mi sobrino Andrés, mi marido, nuestra hija Catalina y yo seguimos con el plan.

El tour estaba programado para tener una duración de una hora y media, así que mi mamá se quedó en una cafetería con la confianza de que a mas tardar a las 4 estaríamos de vuelta.

En medio del mar…

Y empezamos el recorrido… caminando sobre la arena donde en algunas horas del día normalmente hay agua como en cualquier playa. Era una sensación curiosa, ya que la arena es más bien como lodo oscuro y en algunas partes como arena movediza. Caminamos y caminamos haciendo pequeñas pausas donde el guía nos explicaba o mostraba datos interesantes del lugar, como por ejemplo:
– En las dos horas del recorrido recibiríamos la cantidad de rayos UV que un alemán recibe normalmente en todo un año.
– Así mismo, recibiríamos la cantidad de yodo que normalmente consumimos en medio año. No nos debía extrañar si después del tour seguíamos con la boca salada…
– Dentro del parque nacional hay alrededor de 2.000 especies animales, de las que alrededor de 250 sólo se encuentran en las marismas saladas del mar de Frisia
– El área total del parque nacional es de 13.750 hectáreas.
– Podríamos caminar hasta 20 kilómetros mar adentro sin llegar al mar, el problema sería que no alcanzamos a regresar a la playa antes de que suba la marea.
– Hay alrededor de 10-12 millones de zancudas, anserinos, patos y gaviotas en el mar de Frisia en su conjunto
–  En nuestro camino encontramos miles de cangrejos, conchas y gusanos. El guía nos explicó a detalle la importancia de cada uno de ellos en el ecosistema.
– A lo largo y ancho del parque hay algas (Kieselalgen) que generan la misma cantidad de oxígeno que se producen en todos los bosques alemanes.

Y muchas otras cosas que ya no recuerdo pero que pueden encontrar en internet. Al parecer hay llanuras de marea en muchas partes del mundo, así que si tienen oportunidad de visitar alguna se los recomiendo ampliamente.

La playa…

Finalmente, el guía dijo que era hora de regresar… para entonces estábamos a casi 3 kilómetros de la playa y el cielo empezaba a nublarse rápidamente, con amenaza de tormenta. Así que nos recomendó caminar rápidito y sin pausas. Ufff!!! Vaya susto, ya me veía en medio del agua! Gracias a Dios llegamos a la playa, secos y sanos, eso sí bien asoleados y cansados después de 3 horas de caminar bajo el sol.

Mi mamá esperaba ya un poco asustada, porque el tour se demoró mucho más de lo planeado. Pero para premiar nuestra aventura, nos fuimos por unos helados italianos deliciosos.
Fue una experiencia única e inolvidable. Algún otro día tendremos que volver para llevar a mi hija mayor que se la perdió. Así que si tienen plan de visitarnos, con gusto los llevo a conocer este fenómeno natural y espectacular!

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