El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Amor de hermanas 2

Hace un par de años escribí una entrada sobre el amor de hermanas que he descubierto en mis hijas. Yo no tengo hermanas, así que a través de mis dos hijas ahora conozco lo que significa tener una.
Las cosas no han cambiado mucho desde entonces, siguen siendo las mejores amigas, cómplices y compañeras de juego, baile, manualidades y excursiones.
En enero fuimos al cine a ver la nueva película de Disney “Frozen” y desde entonces son Elsa y Anna, dos hermanas inseparables. Curiosamente han tomado los papeles invertidos, siendo la mayor Anna que interpreta a la hermana menor en la película. Y Catalina es feliz jugando a ser la “Reina de Hielo”, la hermana mayor con su trenza casi blanca y sus poderes especiales. Para el carnaval compraron sus pelucas y con un poco de creatividad y algunos trapos viejos han confeccionado su disfraz completo.
Anna y Elsa
A veces me pregunto cómo pueden quererse tanto? Además de ser cariñosas, algunas veces rayan en lo empalagoso. Se abrazan, se dan besos a cada rato y últimamente duermen juntas en una cama individual. Hasta hace algunos meses se quejaban de compartir la misma habitación, cosa rara en Alemania. Pero como no hay más habitaciones en la casa, tuvieron que aceptar nuestra explicación y hacerse a la idea de que compartirán una sola recámara por un tiempo.
No pasaron ni dos semanas, cuando comenzaron una nueva rutina…. la hermana mayor le lee a la menor y después no se cambian de cama sino que se quedan dormidas en una sola. Y es casi a diario! Eso sí, a veces es en la cama de una, y otras noches en la otra.
 

Cada una sigue con su personalidad y su carácter muy particulares. La mayor un poco introvertida y sentimental, la menor más abierta y divertida. Sólo se llevan un año en la escuela y comparten algunas amigas, pero raras veces juegan con las mismas amiguitas fuera de la escuela.

Por las tardes toman clases por separado. La menor, va a clases de música, y las dos asisten a clases de ballet pero en grupos separados. Y este año siguen con la preparación de primera comunión, que a pesar de haber insistido en que estuvieran en grupos diferentes, ellas finalmente decidieron quedarse en el mismo. Al menos yo no soy su catequista. Y finalmente comparten el grupo de “niños exploradores (Scouts)” al que siempre asisten juntas.

Simplemente son inseparables. Y justo hoy por la mañana, me decía la pequeña que ella conocía mejor a su hermana que yo. Y le pregunté porqué decía eso y me contestó que ellas van a la escuela juntas y están en el recreo juntas, lo cual obviamente yo no comparto con ellas. Y talvez tenga razón! Son y serán cómplices, y ni yo como madre podré intervenir en esta relación tan especial que las une más allá de la sangre.

Dios me las proteja siempre y las siga llenando de bendiciones. Y espero ese amor nunca se vea alterado ni por el cambio de escuelas, ni por la adolescencia, ni por sus mejores amigas ni por la distancia, si es que les toca vivir en diferentes países en un futuro.  Doy gracias a Dios por haberme mandado estas dos princesas que no podían haberse complementado mejor.

Y ya les iré contando sus aventuras por la vida. Justo el próximo mes conocerán lo que es viajar en barco y sin sus papás. Los abuelos las han invitado a un crucero para conocer Noruega y ya cuentan los días para iniciar esta nueva aventura. Veremos que tal se portan y que cuentan a su regreso 🙂

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