El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Extraño el "shopping"

Nací y crecí en Monterrey, México, una ciudad en el norte del país que no es considerada fronteriza pero que está sólo a dos horas en auto de la frontera con Estados Unidos.

Como en toda familia de clase media, crecí con la costumbre de ir al “otro lado” de compras al menos dos veces al año. Las ciudades favoritas para ir son Laredo o McAllen, ambas en el estado de Texas, pero algunas familias visitan San Antonio o la Isla del Padre sobretodo en vacaciones, puentes o en fin de año.

Mis papás preferían McAllen que aunque esta un poquito más lejos que Laredo, era más tranquila para las compras. Creo que sólo dos veces visité Laredo y al igual que mis padres, preferí siempre McAllen. ¿Porqué cruzamos la frontera para gastar dinero? y qué compra la gente?

Ufff!!! Mejor dicho que no compran los regiomontanos en Texas! En nuestro caso, era normal comprar ropa y zapatos de temporada, algunas cosas de despensa y antes de entrar a la escuela, era requisito ir para comprar los artículos escolares, mochilas y chucherías. Cuando se acerca Navidad, mucha gente compra los juguetes o aparatos electrónicos en Estados Unidos. Y últimamente en Noviembre, mucha gente aprovecha las ofertas de “Acción de Gracias” (Thanksgiving).

Pero el ir a McAllen no consistía sólo en comprar, sino en un paseo con una rutina muy particular. Para empezar, salíamos muy temprano para no encontrar demasiada gente en la “pasada” (en el puente para cruzar la frontera). Llevamos algo de comer para el camino que tenía que ser consumido antes de llegar al puente (frutas y otros alimentos no se pueden pasar). Y recién cruzando a Texas, llegábamos a desayunar a alguna cafetería, ya fuera un sandwich de huevo, unos hotcakes o algo similar.

Dependiendo de la hora, llegábamos a las primeras tiendas de ropa o zapatos y para mediodía hacíamos el check-in en el hotel donde dormiríamos una noche. En mi niñez siempre fue “La Quinta”, y ya de joven probábamos otros hoteles más económicos. Total, sólo era para pernoctar.

Por la tarde seguían las compras ya fuera en el “Mall” o en el centro de McAllen. A finales de los 90´s se empezaron a construir “outlets” y en los últimos años, ya casi no íbamos a los centros comerciales, sino que pásabamos casi el día completo en el “outlet” (un conjunto de tiendas de marcas con precios muuuuy reducidos).

Terminábamos el día de compras en el Red Lobster, mi restaurante favorito hasta la fecha o cuando más pequeña, íbamos a las hamburguesas, pero a las buenas, no al McDonalds o al Burger King.
Al día siguiente, desayunábamos “bagels” con queso crema, cereal o pan tostado, únicas opciones en este tipo de hoteles sencillos y económicos.
Y a seguir las compras! A media tarde volvíamos a Monterrey, pasando obviamente el puente fronterizo y rezando para que el aduanal no se pusiera pesado al revisar la cajuela. Ah! y se me olvidaba, antes de llegar al puente nos deteníamos en HEB (supermercado) a comprar roles de canela y las cosas de despensa que mi mamá siempre compraba. En el estacionamiento, quitábamos todas las etiquetas de las compras del día y empacábamos bien todo en las maletas vacías que habíamos traído de Monterrey.

Eran viajes muy divertidos! Y ya de casada, en mis viajes a Monterrey nunca falta una escala en McAllen, ya sea sólo con mi marido, con mis papás o ahora con las niñas. La rutina es muy similar, y hay cosas que no se pueden omitir como la parada en el Red Lobster, los outlets, la tienda de “dollar”, Victoria´s Secret, HEB o Walmart y Payless Shoes 🙂

Mi marido se acostumbró a comprar prácticamente su ropa en los outlets y en mi caso, todavía no le hallo el gusto a comprar en Alemania. Ya no vamos a México tan seguido y esos viajes a McAllen son cada vez más esporádicos, por lo que tenemos que comprar aquí, pero nunca será como el “shopping” tejano.

Ya que no sólo extraño esa rutina tan divertida, extraño:
 – los outlets y las ofertas de verdad
 – los dulces de Pascua y Halloween
 – la decoración para fiestas
 – el pasillo de artículos escolares y manualidades en los supermercados
 – la variedad de harinas preparadas y sobretodo de betunes (aquí saben horribles)
 – el ambiente en los restaurantes, siempre llenos y con gente esperando mesa
 – las tiendas departamentales con sus enormes secciones de ropa infantil, cosas para el hogar, decoración de la temporada, joyería
  – la comida china del área de comidas en el centro comercial
  – los cupones de descuento
  – el no pagar en los estacionamientos de los centros comerciales
  – los buffets chinos
  – las tiendas de joyería de fantasía donde comprabas 5 x 3, y 10 x 6 o descuentos parecidos

Pocas veces fui con amigas, creo que decí haberlo hecho más a menudo. Comprar con mi marido no es tan divertido como con amigas, pero si lo importante es comprar, no importa la compañía!

Cómo extraño esos viajes cortos en donde gastábamos mucho dinero y parecíamos estar en un maratón de compras. Tienda, tienda, tienda… pausa para ir al baño o comprar algo de comer… tienda, tienda, tienda! Espero pronto ir a Monterrey y poder planear otro de estos viajecitos tan provechosos! Quién me invita?

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