El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Desapego familiar

Llevo más de una década en Alemania, y una de las cosas a las que todavía no me acostumbro es a la falta de unidad familiar. No puedo llamarla desunión porque realmente existe la familia como célula de la sociedad alemana, así que he buscado un nombre más adecuado y he decidido llamarlo desapego familiar.

La sociedad alemana es muy distinta a la mexicana, eso no es nada nuevo. Lo interesante es observar como la unión familiar es distinta en cada etapa por la que va pasando la familia a lo largo de la vida. Trataré de explicarlo con diversos ejemplos:
Cuando los hijos son pequeños, los padres al igual que en México se desviven por ellos. Incluso he tenido la oportunidad de conocer muchísimas madres sobreprotectoras que no dejan a sus hijos solos ni por un minuto. Hay muchos casos de hijos únicos, donde los padres tratan a sus hijos como verdaderos tesoros. 
Los niños son inscritos en cursos de todo tipo, desde deportes hasta actividades artísticas como música y baile. Los padres ayudan a realizar las tareas escolares, y en muchos casos contratan profesores particulares para ayudarlos. Las familias jóvenes acostumbran tomar vacaciones en hoteles apropiados para la edad de los niños y los fines de semana son dedicados a actividades familiares.
En muchos casos, los abuelos que viven cerca puede encargarse de cuidarlos algunos días en la semana o en fin de semana.
Las familias en Alemania no son tan grandes como en México así que no se observan ese tipo de reuniones donde primos y primas, tíos y tías bailan y conviven para celebrar un cumpleaños, primera comunión o bautizo. Pero sin lugar a dudas, la Pascua y la navidad se celebrarán con la pequeña familia con la que se cuente.
Después viene la adolescencia, donde los padres comienzan a dar un poco más de independencia a los hijos. Son responsables de sus tareas, salen a menudo con amigos, y comienzan a estudiar para tramitar la licencia de manejo. Hasta ahí todo va bien.
Pero curiosamente al cumplir los 16 años, la relación padre e hijo prácticamente desaparece. No me refiero sólo al ámbito económico, ya que en muchos casos siguen dependiendo de los padres para pagar un apartamento o un coche. Me refiero más bien a la relación interpersonal, donde los hijos se convierten en entes completamente independientes de los padres y la comunicación es prácticamente nula.
Y ahí empieza el distanciamiento… Al llegar a la edad adulta es decir a partir de los 20 años será difícil encontrar padres que tengan una comunicación continua con sus hijos. Obviamente hablaran a menudo y sabrán cómo están o que hacen de sus vidas, pero no interferirán en sus decisiones a mediano o largo plazo, ni conocerán sus planes ni estarán al tanto de sus relaciones sentimentales.
Conozco varios casos de madres que no se atreven siquiera preguntar a los hijos si en sus planes está casarse después de haber tenido un hijo. Muchos padres ayudan en la mudanza, pero pocos saben sobre los logros profesionales de los hijos. Muchos temas se convierten en tabú y simplemente respetan esa independencia sin preguntar.
Y así pasan los años, hasta que los padres llegan a la edad de jubilarse. La comunicación con los hijos practicamente no existe y es tarde para comenzarla de nuevo. Y entonces vienen las decisiones difíciles a la hora de una enfermedad o la viudez. Los padres no se atreven a pedir ayuda y los hijos se preocupan poco por el futuro de los padres.
No sólo los asilos se encuentren llenos de viejos que no tienen visitas regulares, sino también en casas particulares los días pasan y los viejos se aburren solos. Influye mucho también la movilidad de las familias, ya que pocas veces los hijos se quedan en la misma ciudad donde nacieron y las distancias a veces son muy grandes para visitarse continuamente.

Otro lugar donde observo con sorpresa y tristeza ese desapego familiar es en los hospitales. Desde que llegué y tuve mi primer problema de salud (una piedra en el riñón) me asusté al conocer que nadie se queda en el hospital con el enfermo durante la noche. Recién paridas, después de una cirugía o con una enfermedad grave, los pacientes se quedan durante la noche solitos o acompañados de otros pacientes si comparten habitación, y las visitas tienen horarios limitados.

Y no es sólo que los familiares no duermen en el hospital, tampoco están amontonados en la sala de espera durante una operación ni se ven habitaciones llenas para conocer al recién nacido. Como claro ejemplo puedo mencionar a la abuela de Tom que tuvo que ser operada de la cadera y mi suegra en su casa mientras la operaban… a la hora de la visita fue a ver cómo había salido todo. Y recientemente visité a una amiga cuya bebé fue operada a las dos semanas de nacida, y en el hospital infantil había muchos bebés solitos, cuyos padres los visitan un par de horas al día y no necesariamente a diario.

Es una cuestión cultural que el alemán ha aprendido desde pequeño, en México hemos estado acompañados en el hospital siempre y nos ha tocado acompañar a familiares en situaciones difíciles. No se puede juzgar ni criticar algo que “así es” y siempre ha sido “así”. Los alemanes se sorprenden de los turcos que visitan en grupo los hospitales y llevan comida para un ejército. Son costumbres diferentes, y así hay que seguirlas.

Pero eso no disminuye mi asombro ni me hará aceptar esa costumbre como propia. Me quedo y me he quedado sola en el hospital más de una vez, pues no puedo romper reglas… pero me queda claro que trataré de educar a mis hijas para que no caigamos en ese “desapego” y poco les importe la salud de sus padres o abuelos. Intento día con día de inculcar el valor de la unión familiar y que ésta perdure hasta la vejez, independientemente de estar cerca o lejos. Muchas veces una llamada, una carta o una corta visita puede ser suficiente para sentirnos unidos y amados.

Como en muchos otros temas y aspectos culturales, confío en que la globalización y la llegada de más migrantes a este país, cambie poco a poco ese “desapego”, esa “frialdad” o esa falta de interés por los demás. En nuestras manos está conservar nuestras tradiciones en tierras lejanas y talvez algún día los europeos sean más latinos 🙂

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Comentarios en: "Desapego familiar" (1)

  1. Hola! Fíjate que he escuchado mucho sobre el desapego familiar, y mi sorpresa ha sido muy grande por lo que a mi nueva familia política respecta. Ellos son muy unidos, mi marido visita a su mamá cada sábado y la lleva a hacer las compras, en época de calor le poda el pasto cada 15 días y se reúnen para festejar los cumpleaños. El verano pasado que tuve oportunidad de visitarlos, hicieron una fiesta para mí, y la familia es medianamente grande, pero no falta ninguno. Me sentí muy contenta de comprobar que al menos en mi pequeño entorno, las cosas no serán muy distintas! 🙂

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