El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Cuatro minutos de amor puro…

Hace unos años (junio 2009) escribía sobre los 5 minutos mas placenteros de mi día que consistían en el tiempo que me acostaba con mis hijas mientras conciliaban el sueño. Con el tiempo, esta rutina fue desapareciendo y ahora ellas se acuestan solitas y despues de leer y rezar, apagan la luz y en pocos minutos se quedan dormidas sin necesidad de que yo esté presente siquiera.

Pero así como unos rituales desaparecen de nuestra vida diaria, otros aparecen…
Desde que mi hija mayor entró a la escuela primaria, aprendió a usar el despertador y en cuanto suena, se levanta para ir al baño y cambiarse. Al año siguiente su hermana le siguió en el ritual y basada en la experiencia, el despertador sonaba a la 7:10 cada mañana, dando 30 minutos justos para cambiarse, desayunar, peinarse, lavarse los dientes y ponerse la mochila. Normalmente salen de casa a las 7:40, hora en que llega una vecinita por ellas para encaminarse juntas a la escuela.
Después de las vacaciones de verano decidí dar 10 minutos extra para que se acostumbraran a volver a los horarios de siempre. Así que el despertador sonaba a las 7 en punto y la idea era volver a la costumbre de despertar a las 7:10 en un par de semanas, pero se implementó un nuevo ritual que ya no quiero cambiar.
A las 7 suena mi despertador junto con el de mis hijas, y en menos de 5 segundos, las dos llegan a mi cama donde se acurrucan a mi lado y empiezan 4 minutos de puro amor (“kuscheln” en alemán), repartiendo besos y abrazos mientras que mi despetador vuelve a sonar (con la función de snooze). Es entonces a las 7:04 que mis hijas salen disparadas al baño para cambiarse y estar listas a tiempo.

Lo curioso es cuándo tengo que irme al trabajo justo después de que ellas se van a la escuela y tengo que poner mi despertador un poco más temprano para alcanzar a bañarme antes de empezar con el ritual de mis hijas. Sólo un par de veces pudimos escapar de esos 4 minutos de “abrazos y besos”, porque mi hija menor se resistía a bajar a desayunar si no me volvía a acostar (aún con el pelo mojado) con ella un par de minutos.

Y entonces, esos días que tengo que despertarme más temprano tengo que calcular que los 4 minutos deben ser respetados y no andar con prisas saltandome esa parte tan importante de la mañana. Al igual que aquellos 5 minutos que durante algunos meses disfruté al acostar a mis hijas, no sé cuanto durará esta nueva costumbre, pero estoy segura de que lo disfrutaré mientras dure. Es una de esas cosas que quisiera mantener siempre en mi mente y nunca nunca olvidar!

Debo aclarar que mi marido casi nunca está a esa hora entre semana en casa, así que es un ritual sólo entre mis hijas y yo 😉 El fin de semana también se vienen a nuestra cama, pero antes de que pasen 5 minutos, ya quieren prender la televisión para ver sus caricaturas favoritas.

También te acurrucas con nosotros?

PD. Porque no he encontrado una traducción exacta para la palabra “kuscheln”, que sería algo como acurrucarse hemos empezado a decir una nueva palabra : kuschelnear, jaja! Y así estos 4 minutos, son tiempo de kuscheln 🙂

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