El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Qué calor!

En Alemania soñamos con sol y calor y en semanas como ésta que se alcanzarán los 25 grados, todo el que pueda saldrá al parque, lago, terraza o playa que le quede más cerca a acostarse como lagartija y tomar un poco de vitamina ‘S’ (de sol).  Y es que después de tantos meses de lluvias y temperaturas frías, es lo más normal.
Pero eso sí, que el termómetro no supere los 30 grados porque se les olvida lo que ansiaban por meses y se ponen de muy mal humor. Obvio porque no hay aire acondicionado en todas partes y porque no están acostumbrados al calor.
Llevo 11 años en Alemania y por azares del destino he viajado a México en primavera u otoño (una boda, cuando nacieron mis hijas y recientemente en Pascua) y hemos pasado 5 o 6 navidades en mi ciudad natal. Pero nunca había pasado un verano en mi país hasta ahora, que decidimos conocer la Riviera Maya.
Ya sabía que viviríamos días calurosos y con mucha humedad (normal en la costa), pero por más que les expliqué a mis hijas, no podían imaginarse lo que es chorrear de sudor y que la ropa se te pegue al cuerpo. Pobres! Desde el primer día se asombraron de tener sol desde temprano y poder salir en shorts a desayunar. Se quejaban a diario del sudor, de los mosquitos, del calor agobiante y del sol de mediodía que quema en segundos la piel y el cuero cabelludo.
Hemos tenido días calurosos en nuestras vacaciones a España, pero habían sido en Otoño y a duras penas se sentían 30 grados. Aún el aire acondicionado nos incomoda y no lo hemos encendido a la hora de dormir porque nos da frío. Mi mamá no me creía pero ya llevamos 2 semanas aquí y seguimos durmiendo sólo con ventilador y lo fresco que se queda del clima prendido durante el día.
Justo ayer que fuimos a Cancún nos vieron como bichos raros al pedir comer afuera en la terraza del Chilis. Todos adentro con aire acondicionado helado y nosotros los únicos disfrutando el calorcito afuera! Diferencias culturales!
El calor es saludable pero como dice el dicho, todo en exceso es malo. Y no sólo me refiero a los rayos solares que achicharran la piel de incautos güeros como nosotros. Para eso nos hemos puesto protector solar y hemos evitado bañarnos en el mar o en la alberca entre 12 y 3 del mediodía, aunque algunos días ha sido imposible no andar a esas horas en la intemperie cuando andamos de excursión.
Me refiero a otros riesgos o peligros causados por el sol, como el agotamiento y cansancio. El viernes pasado celebramos mi cumpleaños en Xcaret y como queríamos presenciar el show de la noche, llegamos al parque a las 4 de la tarde para pagar menos y no llegar tan cansados al show que empezaba a las 7.
Para quienes no conocen dicho parque, imagínense el paraíso terrenal a la mexicana… Con flamingos, guacamayas y monos entre pirámides mayas. Empezamos por la parte oeste del parque para no alejarnos mucho del teatro principal. Vimos animales exóticos, orquídeas, una granja de hongos, el acuario y las ruinas. A las 6 de la tarde comenzó un show de Escaramuza y nos escabullimos entre el gentío para que las niñas lo pudieran ver de cerca. Apenas llevaba 15 minutos cuando Victoria se vino hacia donde yo estaba para decirme que tenía ganas de vomitar… Apenas le estaba preguntando que si le dolía algo cuando se le pusieron los ojos en blanco y se desmayó en mis brazos. Tremendo susto! Todavía no reaccionaba a lo que estaba pasando, cuando mi mamá y otras personas me daban instrucciones para que Victoria volviera en sí. ‘Trae agua?’, ‘Levantele las piernas’, ‘Esta sudando frío, sáquela de aquí’, ‘Echenle aire’… Con abanico en mano, agua en la otra, la cabeza de mi hija recostada en mis pies, llegó una persona del parque para decir que venía en camino un paramédico. Mi marido y yo la llevamos a otra parte del parque donde había mas aire y menos gente. Ya había vuelto en sí cuando llegaron los paramédicos quienes la revisaron y nos recomendaron darle una bebida energizante.
Poco a poco volvió a sonreír y pudimos ver el tan esperado show sin más contratiempos. Todos disfrutamos los rituales indígenas, los bailables folklóricos, los voladores de Papantla y el Corrido de Monterrey. Gracias. Dios en los días siguientes, Victoria ha estado como si nada. Al parecer fue solo el cansancio y una bajada de azúcar. Ahora cargamos esas bebidas energizantes a donde vamos y procuramos tomar descansos para evitar mas sorpresas.
No cabe duda que no estamos acostumbrados a estos calores y aún a mí me cuesta respirar algunos días en que la humedad es extrema y se siente mucha presión en el ambiente. Solo Dios sabe como nos iría en Monterrey con 40 grados casi a diario, pero de eso ni me preocupo porque no hay planes a corto plazo de visitar mi tierra natal en verano 😉
Aún nos quedan 10 días en estos rumbos y seguiré escribiendo nuestras aventuras y experiencias para que no me extrañen tanto.
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