El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Adiós Bad Segeberg!

Cuando Tom y yo nos conocimos hace casi 13 años, Tom trabajaba en una empresa donde viajaba todo el tiempo. Uno de sus tantos proyectos estuvo en Monterrey donde coincidimos por azares del destino. Nuestra relación duró un año y medio, tiempo en el que él viajaba instalando máquinas por el mundo, y yo viajaba como consultora de sistemas en México.
Después de la boda, él siguió viajando y al poco tiempo conseguí trabajo y empecé a viajar por Europa hasta que nació nuestra primera hija. Digamos que eso de viajar era parte de nuestra vida y nos acostumbramos a eso. Pero al nacer nuestra segunda hija, ya no era tan sencillo para mí llevar una vida “normal” con las dos peques y mi marido ausente por semanas a causa de sus viajes a cualquier parte del mundo.
Casi 15 años Tom trabajó en esa empresa y su último cliente fue una empresa danesa ubicada en Bad Segeberg, al norte de Alemania que lo contrató como encargado de mantenimiento de las mismas máquinas que él había instalado.
En Enero del 2007 empezó una nueva etapa en nuestra vida como pareja y familia… ya no viajaba a Dubai, Tailandia o Canadá, pero durante la semana Tom vivía en un pequeño departamento en Bad Segeberg a hora y media de casa. Al igual que nuestra etapa anterior, nos acostumbramos a vivir así. No era la situación ideal, pero en caso de una emergencia al menos Tom podía llegar a casa en un par de horas. También durante las vacaciones, podíamos pasar unos días en el departamento.
Cuando visitábamos a Tom, a las niñas les gustaba dormir en el colchón de aire, subirse a la biciceta estacionaria, jugar a las cartas y ver la televisión en el monitor de una computadora. Además, en cada estancia cenábamos en algunos restaurantes de la ciudad o íbamos de paseo a parques o zoológicos cerca de ahí. Y así crecieron nuestras hijas, con su papá en otra ciudad 3 días por semana. Los miércoles se volvió costumbre que venía a casa, no sólo porque yo daba clase de español por la noche, sino también para no hacer tan larga la espera hasta el viernes.
Lo que nosotros creímos que sería una etapa corta mientras se conseguía otro trabajo cerca de casa, se convirtió en una fase de 6 años y medio. Tom no consiguió otro trabajo en ese tiempo y la empresa por reestructuración tuvo que prescindir de sus servicios el pasado mes de Mayo. No nos lo esperábamos, pero por un lado esperamos que el futuro nos traiga una nueva oportunidad donde finalmente vivamos como una familia normal.
El departamento ya esta desocupado y no creo que volvamos a Bad Segeberg pronto. Fue una etapa más en nuestra familia y por eso la documento en este blog. Trajo satisfacciones y logros para Tom en su desarrollo profesional y conocimos una región más de Alemania. Incluso en algún momento buscamos casa por aquellos rumbos, pero por alguna razón no encontramos algo que nos gustara ni pudimos vender la nuestra. Supongo que no era una buena idea…
 
Ya veremos qué pasa, mientras nos vamos a la Riviera Maya a disfrutar de unas merecidas vacaciones que ya estaban planeadas y que no quisimos cancelar. Confíamos en Dios y en su infinita misericordia para que al volver, Tom encuentre ese trabajo que le permita convivir con nosotras más a menudo.
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