El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Aún con todos los preparativos navideños, clases pendientes y eventos sociales, Diciembre es el mes de planeación de la fiesta de cumpleaños de mi hija mayor. Con eso de que cumple años el 4 de Enero y casi siempre cae en las vacaciones de invierno, al menos las invitaciones tienen que entregarse el último día de clases antes de Navidad.
Así que estuve pensando en el tema de la fiesta, qué ofrecer y cómo festejar porque ya cumplirá 8 años y siendo fiesta de invierno, no hay manera de planear juegos en exteriores. En esta ocasión será un viernes y pensé en hacer una pijamada con algunas de sus amiguitas.
Cómo es la primera vez que hago este tipo de fiesta y hasta ahora mis hijas no han asistido a ninguna, pensé en llamar a las mamás para preguntar si habría algun inconveniente y en caso de que algunas niñas no pudieran o no las dejaran quedarse, buscar otra alternativa antes de hacer y entregar las invitaciones. En todas las llamadas me dijeron que no tenían problemas, pero lo que más me llamó la atención es que todas sin exepción me dijeron que tendrían que preguntarle a sus hijas sí estaban de acuerdo con la idea.
Por un momento olvidé lo que aquí es una costumbre muy “alemana”. Los niños tienen poder de decisión y en este tipo de cuestiones, las madres siempre preguntan a los hijos si están de acuerdo o no. Si a mí me hubiera llamado otra mamá, yo hubiera dicho sí o no, y jamás le hubiera preguntado a las niñas si quisieran quedarse a dormir en casa de Fulanita o Menganita. Sé de antemano que no tienen problemas en quedarse en otras casas a dormir y aunque no soy partidiaria de que se queden a dormir cada semana con una amiguita, no les negaría ir a una pijamada, así que simplemente contestaría “Con gusto”.
No sé si las costumbres y la educación han cambiado con las nuevas generaciones en México, pero cuando yo era pequeña, las madres tomaban las decisiones hasta ya entrada la adolescencia. Y me refiero a decisiones tan triviales, cómo qué ponerse para tal o cuál evento, con quién hacer viajes para las clases de música o ballet, o qué tipo de fiesta de cumpleaños se hará. En Alemania, el niño decide qué ropa ponerse desde el jardín de niños y hay mamás que permiten que las creaturas vayan todas descombinadas o con ropa inadecuada para el clima del día. La típica respuesta: “El o ella va a aprender”, o “él/ella así lo quiso, ahora se aguanta”.
Otra cosa curiosa que es muy diferente entre Alemania y México es que el niño desde pequeño tiene voz y voto, así que sí él no quiere ir a jugar con algún amiguito que lo invitó o no quiere asistir a la fiesta de cumpleaños de un compañero del jardín de niños, lo dice y la mamá se disculpa diciendo que el niño no quiere o no le apetece. En México, al menos en mis tiempos se “cumplía” con el susodicho y aunque no fueran tan buenos amigos, había que ir y “cumplir”. O en casos extremos, la mamá se inventaba una excusa para decir que el niño no iba porque tenía cita con el médico.
Lo mismo sucede con la comida… cómo olvidar a nuestras madres diciendo “Aunque no te guste, te lo comes y no dices nada” cuando estábamos en casa de una tía o pariente y hacía cosas raras o que nos disgustaban. Aquí me ha tocado que los niños con toda frescura te dicen “No me gusta… qué otra cosa hay de comer?”. Ufff!

Ayer tocábamos el tema en un grupo de latinas y la cuestión es qué hacer con nuestros hijos que crecen en una familia bicultural. Es casi innato el educar a nuestros hijos como nosotros mismos fuimos educados y es normal para mí decir “Te lo pones porque digo yo y punto”… o “cuando estemos en casa de tus abuelos, te comes todo y no dejes nada en el plato”. Así fui educada y en parte, estoy de acuerdo con dicha educación.
Pero qué pasa cuando los amiguitos (es decir, la sociedad que les rodea) hace lo que quieren y no están a expensas de lo que decidan sus padres? Y peor aún, qué pasa cuando el marido alemán está a favor de que el niño decida aún y cuando no tenga edad ni criterio para hacerlo?

Es difícil decir cuál parte tiene la razón y qué es mejor para el niño. En mi caso muy particular, trato de encontrar un punto medio, comentar cada situación en particular con mi esposo y decidir en bien de las niñas. Hasta ahora no se han revelado y creo que no están enteradas de qué no han tomado tantas decisiones en sus cortas vidas como sus amiguitas. Ya veremos cómo se va desarrollando este tema al paso del tiempo y cómo me voy adaptando a esta prematura toma de decisiones, mientras sigo con mis preparativos para nuestra primera pijamada en casa! Ya les contaré como salió todo!

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Comentarios en: "Niños y la toma de decisiones" (1)

  1. A mi tambien me sorprendió el peso de las decisiones de los ninos alemanes. Lo veo con una amiga, el hijo decide TODO de su cumpleaños desde que tiene uso de razón, desde donde va a festejar, quien va a ir, que le van a regalar etc…y sus deseos son ORDENES, cueste lo que cueste….Aunque debo decir, yo soy partidaria de dejarlos que decidan cosas apropiadas para su edad. Darles poder para que decidan lo aparentemente “intrascendente” te deja espacio a ti para las decisiones trascendentes. Eso favorece su autoestima, afirma su carácter y los prepara para ser personas independientes. Crecí como tú en un hogar muy protegido y hasta mi adolescencia mi madre decidió cosas por mí, con afan de protegerme, claro está. Y por otro lado tambien era la educacion autoritaria que nos toco vivir.
    El punto esta también en que tipo de hijos queremos educar, alquien que se coma todo, aunque no le guste y haga lo que le piden sin sin chistar o alguien que cuestione con libertad y ejerza su opinion libremente, claro, todo en el marco del respeto. El primer tipo es el que todos los padres quisiéramos porque es más facil de criar, claro está …pero por el contrario, tampoco quiero ser esclavo de las decisiones de mis hijos.
    Hoy en dia se viven otros tiempos y creo que habra que hacer un balance entre lo moderno y lo tradicional, escogiendo bien las batallas 🙂 y preparandolos poco a poco para hacer y decidir por si mismos, hasta que ya no nos necesiten y solo podamos dar consejos 🙂

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