El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Comparar = Quejarse?

En los últimos años he llegado a la conclusión de que uno compara por naturaleza… y es que desde niños empezamos a comparar nuestros juguetes con el del amiguito. Luego, no nada más se comparan los juegos, celulares o mochilas en la secundaria, sino los permisos, las marcas de ropa o zapatos y las vacaciones.
De adulto, uno nunca termina de comparar… la vida de soltero con la de casado, un jefe con el anterior, el trabajar con el estudiar, el auto que tiene el vecino con el propio, y cuando se tienen hijos las escuelas, profesores y calificaciones. Todo el tiempo se compara lo cual puede llevar a dos escenarios:
       Si se compara con algo mejor, superior o incluso inalcanzable se generan sentimientos de frustración, tristeza, rencor, envidia o depresión.
       Si por el contrario se compara con algo peor o inferior se generan sentimientos de agradecimiento, alegría y felicidad por la suerte que se tiene.
Ahora bien… casi siempre que se compara algo o alguien, se cae en una especie de “Queja” y vienen frases como: “Es que en el otro trabajo, salía mas temprano”, “Es que el otro hotel tenía mejor servicio” o “Es que fulano tiene mejor auto por las palancas (contactos) que tiene”. Y ya no se trata de sólo comparar sino de quejarse de la situación actual al compararla con la anterior.
Cuando se cambia de país de residencia, es muy típico empezar a comparar… ufff!!! QUÉ no se compara! Que si la comida, que si la gente, que si las fiestas, que si la educación, que si el servicio médico, qué si el clima, qué si los burócratas, etc, etc.
No esta mal comparar, pues como digo, es algo que tenemos por “naturaleza”… lo que si veo mal es quejarse al comparar nuestro nuevo hogar con el país que dejamos. Una cosa es decir de forma informativa: “La comida alemana es insípida” y otra muy diferente decir: “La comida alemana no sabe a nada, los tacos, el pozole y los tamales son deliciosos. Aquí les falta el picante, el sabor de verdad. No saben lo que es bueno. Siempre le falta una salsita a la comida, o un chile para que sepa bien.”
Y así como ese, se oyen a menudo comentarios bastante negativos sobre la gente, costumbres o tradiciones de Alemania. No importa el país de origen, la gente compara con tono de queja y a final de cuentas, qué queda? No se gana nada con quejarse y por lo tanto yo misma evito hacer ese tipo de comentarios. Si me preguntan qué extraño de México, digo que la comida, la familia o las idas al Applebees con las amigas, pero no es necesario decir que no me gusta la comida alemana, que no hay Applebees en Stade y que mi familia política es pequeña y vive lejos de mi casa.
Creo que el quejarse al comparar evita una mejor integración o una adaptación más sencilla al nuevo lugar de origen. Si está claro que el nuevo país será por tiempo indefinido tu hogar, es mejor ver lo positivo y dejar de anhelar lo que se dejó. Porque ni vamos a encontrar Tacos al Pastor al salir de la disco, ni la gente te saludará con un “Qué onda, cuate” por la calle. Eso no va cambiar, por el contrario se puede aprender a disfrutar una salchicha con mostaza en la feria local y a alegrarse cuando alguien te dice “Moin” en la calle (sólo por mencionar algunos ejemplos alemanes).
Todos los países son distintos, tienen sus cosas buenas y malas. Las razones para cambiar de residencia son muchas, pero el proceso de adaptación es muy similar independientemente si se muda uno a Singapur, Australia o Chile. Al principio será inevitable comparar al descubrir todo lo que es diferente a nuestro país de origen. Pero con el tiempo, la gente tiende a adaptarse de forma positiva al incluir las cosas nuevas en su vida, o de plano vive amargada por anhelar lo que antes era “mejor”.
Y no está mal hacerse sus tortillas o guacamole de vez en cuando, ni mucho menos hablar el idioma materno en casa. Algunas cosas podrán preservarse a pesar del cambio de residencia, pero y las que no? Pues no queda más que sustituirlas por cosas similares locales y disfrutar de esas diferencias que ahora hacen nuestra vida MULTI-CULTI!
Estoy convencida de que el quejarse no ayuda, así que mi consejo sería:  disfrutar lo nuevo, lo diferente y lo local que seguramente tienen mucho que aportar a nuestra nueva vida de “migrantes”. Eso hago desde hace un par de años y realmente me siento FELIZ en mi nueva patria.
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Comentarios en: "Comparar = Quejarse?" (1)

  1. Totalmente de acuerdo, excelente articulo….compartimos la misma vision…

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