El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Archivo para marzo 1, 2012

LAS HISTORIAS DE VICTORIA

La semana pasada pasó algo que me hizo recordar algunas historias de mi hija mayor a lo largo de su corta vida y que no hacen más que recordarme de lo mucho que me quiere Dios, porque por medio de coincidencias o casualidades he visto milagros.
Su nacimiento. Victoria tenía fecha para nacer el 26 de Diciembre pero para el 1 de Enero no presentaba ninguna contracción o cosa similar, por lo que me internaron para inducir el parto. Después de 3 días de intentar todo lo posible, se rompió la fuente a las 9 de la mañana del 4 de Enero y aún así, colocaron un gel vaginal para causar contracciones. NADA! A las 7 de la noche me operaron de emergencia y gracias a Dios y a todas las oraciones de mi mamá y familiares, Victoria nació sana.
Al mencionar mi historia a algunos ginecólogos en México, me hicieron ver que realmente tuve suerte de que Victoria hubiera nacido bien. El líquido que yo misma vi al romperse la fuente era de color verde y ese no es un buen color. Esperar más de 10 horas podría haber sido fatal, pero gracias a la Virgen María y a Dios, Victoria es una niña sana y feliz a sus 7 años de vida.
Dedito del pie y mi cabello. Victoria conoció México a los 3 meses de edad. Viajé sola con ella y a los pocos días de estar en Monterrey, mi mamá notó que un dedito de su pie estaba hinchado y colorado. De alguna forma que todavía no puedo explicar, un cabello mío se le había enredado en el dedo y cuando nos dimos cuenta ya lo estaba ligando. El pediatra pudo cortar una parte y el dedo no sufrió daño alguno, pero todavía semanas después en Alemania desprendí un pedacito de cabello de la piel del dedo que se había quedado dentro. Fue suerte o gracia de Dios que se detectara a tiempo, porque podría haber pasado a mayores.
Caída en aeropuerto de NYC. Victoria celebró su primer año de edad en México y yo volé sola con Victoria de regreso después de pasar 3 meses por allá ya que Tom sólo se quedó sólo 1 mes. En el aeropuerto de NYC donde tuve que hacer escala, solicité que nos llevara un vehículo de una terminal a otra porque no tenía mucho tiempo. Al llegar a la terminal, dejé a Victoria arriba mientras bajaba el equipaje de mano y cuando acordé, Victoria estaba en el suelo. Se había caído de repente y después de llorar un rato emprendimos el vuelo a Alemania. Al día siguiente al bañarla me percaté de un chipote gigante en su cabeza. Yo no había visto como se había caído ni donde se había pegado, pero quedaba claro que había caído de cabeza al ver ese chipote. Tuvieron que hacerle radiografías para descartar cualquier problema mayor y nuevamente, gracias a Dios no pasó a mayores.
Dedo hinchado. Y ahora viene la historia que me hizo recordar todas las anteriores. La semana pasada Victoria se quejó de que le dolía el dedo índice derecho. Al verle, vi que lo tenía rojo, hinchado y con un punto blanco al lado de la uña. Preguntando, supe que se trataba de una infección por morderse las uñas y al día siguiente como no se veía mejor, la llevé al pediatra. La doctora le recetó una pomada para detener la infección y pregunté por antibiótico tomado y me dijo que no era necesario. Ya estando ahí, mencioné un dolor en el brazo que Victoria traía, según ella por el ejercicio de la clase de gimnasia del día anterior. Al ver el brazo, la doctora detectó una línea roja que partía del dedo índice hacia el codo. Después supe que esa línea es síntoma de envenenamiento en la sangre y el dolor en el brazo, eran los ganglios inflamados. Obviamente se le recetó antibiótico y se estuvo controlando los siguientes días. No sé que habría pasado si me hubiera ido a casa sólo con la pomada, pues la infección ya estaba afectando más que un simple dedo.
Al comentar esta última historia con una amiga, me dijo “Y ya le diste gracias a Dios? Porque eso podría haber sido muy grave!”. Y claro que no termino de dar gracias a Dios desde que Victoria nació, pues sé que siempre esta a nuestro lado, nos tiene asignados muy buenos ángeles de la guarda y no nos desampara nunca. Gracias DIOSITO por tantas bendiciones!

Comparar = Quejarse?

En los últimos años he llegado a la conclusión de que uno compara por naturaleza… y es que desde niños empezamos a comparar nuestros juguetes con el del amiguito. Luego, no nada más se comparan los juegos, celulares o mochilas en la secundaria, sino los permisos, las marcas de ropa o zapatos y las vacaciones.
De adulto, uno nunca termina de comparar… la vida de soltero con la de casado, un jefe con el anterior, el trabajar con el estudiar, el auto que tiene el vecino con el propio, y cuando se tienen hijos las escuelas, profesores y calificaciones. Todo el tiempo se compara lo cual puede llevar a dos escenarios:
       Si se compara con algo mejor, superior o incluso inalcanzable se generan sentimientos de frustración, tristeza, rencor, envidia o depresión.
       Si por el contrario se compara con algo peor o inferior se generan sentimientos de agradecimiento, alegría y felicidad por la suerte que se tiene.
Ahora bien… casi siempre que se compara algo o alguien, se cae en una especie de “Queja” y vienen frases como: “Es que en el otro trabajo, salía mas temprano”, “Es que el otro hotel tenía mejor servicio” o “Es que fulano tiene mejor auto por las palancas (contactos) que tiene”. Y ya no se trata de sólo comparar sino de quejarse de la situación actual al compararla con la anterior.
Cuando se cambia de país de residencia, es muy típico empezar a comparar… ufff!!! QUÉ no se compara! Que si la comida, que si la gente, que si las fiestas, que si la educación, que si el servicio médico, qué si el clima, qué si los burócratas, etc, etc.
No esta mal comparar, pues como digo, es algo que tenemos por “naturaleza”… lo que si veo mal es quejarse al comparar nuestro nuevo hogar con el país que dejamos. Una cosa es decir de forma informativa: “La comida alemana es insípida” y otra muy diferente decir: “La comida alemana no sabe a nada, los tacos, el pozole y los tamales son deliciosos. Aquí les falta el picante, el sabor de verdad. No saben lo que es bueno. Siempre le falta una salsita a la comida, o un chile para que sepa bien.”
Y así como ese, se oyen a menudo comentarios bastante negativos sobre la gente, costumbres o tradiciones de Alemania. No importa el país de origen, la gente compara con tono de queja y a final de cuentas, qué queda? No se gana nada con quejarse y por lo tanto yo misma evito hacer ese tipo de comentarios. Si me preguntan qué extraño de México, digo que la comida, la familia o las idas al Applebees con las amigas, pero no es necesario decir que no me gusta la comida alemana, que no hay Applebees en Stade y que mi familia política es pequeña y vive lejos de mi casa.
Creo que el quejarse al comparar evita una mejor integración o una adaptación más sencilla al nuevo lugar de origen. Si está claro que el nuevo país será por tiempo indefinido tu hogar, es mejor ver lo positivo y dejar de anhelar lo que se dejó. Porque ni vamos a encontrar Tacos al Pastor al salir de la disco, ni la gente te saludará con un “Qué onda, cuate” por la calle. Eso no va cambiar, por el contrario se puede aprender a disfrutar una salchicha con mostaza en la feria local y a alegrarse cuando alguien te dice “Moin” en la calle (sólo por mencionar algunos ejemplos alemanes).
Todos los países son distintos, tienen sus cosas buenas y malas. Las razones para cambiar de residencia son muchas, pero el proceso de adaptación es muy similar independientemente si se muda uno a Singapur, Australia o Chile. Al principio será inevitable comparar al descubrir todo lo que es diferente a nuestro país de origen. Pero con el tiempo, la gente tiende a adaptarse de forma positiva al incluir las cosas nuevas en su vida, o de plano vive amargada por anhelar lo que antes era “mejor”.
Y no está mal hacerse sus tortillas o guacamole de vez en cuando, ni mucho menos hablar el idioma materno en casa. Algunas cosas podrán preservarse a pesar del cambio de residencia, pero y las que no? Pues no queda más que sustituirlas por cosas similares locales y disfrutar de esas diferencias que ahora hacen nuestra vida MULTI-CULTI!
Estoy convencida de que el quejarse no ayuda, así que mi consejo sería:  disfrutar lo nuevo, lo diferente y lo local que seguramente tienen mucho que aportar a nuestra nueva vida de “migrantes”. Eso hago desde hace un par de años y realmente me siento FELIZ en mi nueva patria.
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