El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Bendita inocencia…

A mi hija mayor se le cayó su primer diente hace unos días, y como es costumbre puso el estuchito con el diente dentro abajo de la almohada. Entre sueños, recuerdo que fue a mi cama y me hablaba y me hablaba. Le dije que me contara por la mañana y se acostó a mi lado toda emocionada.

Por la mañana, me contó su descubrimiento: el hada de los dientes le había dejado dinero y unas calcomanías debajo de la almohada! Catalina, la hermana menor, le dijo que ella sí había visto a la hadita durante la noche. Yo no dije nada y creí que Victoria le diría mentirosa o que no podía ser, pero para mi sorpresa le preguntó: y cómo era? Catalina, que es mas rollera que nadie, le contó una descripción detallada: llevaba vestido rosa, tenía cabello café y volaba. Ajá… así o más imaginación!!!

Victoria es muy soñadora y se cree todo o casi todo lo que le dicen. En esta ocasión, creyó lo que le dijo su hermana y le contó a sus amiguitas lo que le había dicho acerca de su vestido y color de cabello.
Bendita inocencia! Quién fuera niño y pudiera creer en hadas y princesas! Además de creer en fantasías y cosas que no existen como Santa Clós, el hada de los dientes o el conejo de Pascua, creen en la bondad, la honestidad y el amor.

En pocos meses Victoria irá sola a la escuela, queda a dos cuadras de la casa y se irá caminando. Para que se vaya acostumbrando, desde hace dos semanas esta yendo a un salón comunitario que queda a medio camino de la escuela a hacer manualidades con otros niños y ella misma sugirió volver a casa sola. Al principio dije que no, pero su mejor amiguita ha venido a casa sola y vive un poco mas lejos y tarde o temprano tiene que andar sola o con otras amiguitas en las calles de Hagen.

Así que la semana pasada volvió sola a casa, pero antes tuve que darle las indicaciones pertinentes: no le hagas caso a nadie si te hablan, no te vayas con extraños así te prometan dulces o juguetes, no confíes en nadie: tú te vas derechito a la casa, que está a menos de 300 metros y no tiene que cruzar ninguna calle. Y no es que aquí haya peligro o antecedentes de niños perdidos, pero uno nunca sabe y más vale prevenir.

No me gusta inculcarle miedo, ni desconfianza, ni decirle que hay gente mala que se lleva a los niños, pero desgraciadamente no hay otra forma de cuidarlos. Qué triste que seamos los mismos padres los que tengamos que contarles de ese lado malo de las personas, de que no toda la gente es buena y que hay que desconfiar de los extraños! Ni hablar, una cosa nueva para mí como mamá y que me cuesta trabajo aceptar! Pero mi niña mayor ya es grande y tiene que aprender a ir sola a la escuela CON cuidado!

Qué poco dura la bendita inocencia…

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