El diario personal de una mujer, mexicana, migrante y mamá que vive en Alemania… sus experiencias, sus anécdotas y sus opiniones!

Archivo para octubre 18, 2010

Dos meses son mucho o poco tiempo…

dependiendo de como se mire!
Después de casi dos meses de visita, mis papás regresan a mi querido Monterrey. Llegaron a Stade a finales de Agosto y disfrutaron un poquito del verano alemán y mucho del otoño (casi invierno para los estándares mexicanos) para regresar justo el día en que el termómetro llegó a 0 y cubrió de hielo el césped del jardín.

Fueron dos meses muy intensos, llenos de actividades, paseos y momentos que quedan grabados en fotos, en las mentes de quienes los vivieron y en los corazones de abuelos y nietas!

Dos meses son mucho tiempo para extrañar la comida mexicana y poco para probar todo lo que se come por acá!
Dos meses son mucho para extrañar tu casa y tu rutina, pero es poco para acostumbrarse a un nuevo hogar y acoplarse a la rutina de quién se visita.
Dos meses son mucho para dejar de ver amigos y familiares en casa, pero poco para disfrutar a la familia que vive fuera.
Dos meses son mucho para dejar tu ciudad, pero poco para conocer tantos lugares lindos en el extranjero.
Dos meses son mucho tiempo a los ojos de un niño, pero muy poco a los ojos del abuelo que quiere convivir con el nieto cada descubrimiento, cada anécdota y cada minuto.
Dos meses es mucho tiempo para los que viajan, pero poco para los que reciben la visita.

En dos meses hicimos muchísimo! Conocimos muchas ciudades y lugares a lo largo y ancho de Alemania, además mis papás conocieron parte de la Selva Negra, lugar que tenían años de querer visitar y que no se habían podido hacer. Fuimos a cuanto festival, feria y evento que se nos presentó en la agenda y nos disfrutamos mucho.

Al reservar los boletos, creí que mi papá se aburriría tanto tiempo por acá, pero encontró en la bicicleta su mejor aliada y paseaba todos los días que el clima lo permitía por todo el “pueblo” donde vivimos. Además, llevó y recogió a las niñas en el jardín de niños diariamente y se picó con un libro que le presté (El azteca). Así que gracias a Dios no se aburrió y sí que extrañará sus paseos en bicicleta entre tanto verdor y tranquilidad.

La despededida como siempre fue díficil, pero en esta ocasión a diferencia de todas las despedidas anteriores fué MAS difícil porque no hay fecha fija para el próximo encuentro. Siempre hemos tenido boletos o planes para vernos cuando nos despedimos en México o en Alemania, pero ahora no hay seguridad de dónde y cuándo nos veremos la próxima vez. Espero que cumpliendo con la tradición sea antes de un año para que no se haga tan largo, pero como estan las cosas en Monterrey es difícil planear. Lo que sí es seguro es que no pasaremos la Navidad juntos, y confío en que pronto nos volvamos a ver aquí, allá o por más allá (California).

Aprovecho este espacio para agradecer a los abuelos su estancia por acá, como siempre es un placer tenerlos en casa. Y no sólo porque me cocinan, me ayudan en la casa, cuidan a las niñas para que Tom y yo salgamos solos, cortan el césped y hacen tortillas de harina y empanadas y meremelada y chorizo y y y, juegan y practican el español con las niñas, disfrutan la cerveza y el pan alemanes, me acompañan en las noches que Tom no está, llevan a las niñas al kinder, van conmigo al súper, etc etc… sino porque son los mejores papás del mundo y nunca será suficiente el tiempo que pasamos juntos para agradecerles todo lo que han hecho por mí y para decirles y demostrarles lo mucho que los quiero y extraño. Dios los bendiga y proteja siempre!!!

En fin, cómo todo en la vida, las visitas también se acaban y habrá que seguir con la rutina diaria, planear el siguiente viaje y continuar en contacto por medio de la tecnología. Fueron dos meses maravillosos y confío en que pronto se repitan!

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